La apuesta académica por el Colegio Colombiano de Abogados Administrativistas

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Bajo el liderazgo de un ser humano y un profesional sin parangón posible, y sólo, con la mano entusiasta y valerosa que destila un hijo de Sabanalarga, comarca caribeña de la que se ha dicho que la “inteligencia es peste”, el gran amigo, profesor y Conjuez del Consejo de Estado Mauricio Rodríguez Tamayo, ha presidido una empresa quijotesca pero al mismo tiempo coherente y responsable que sólo merece reconocimiento profundo.

En una labor titánica notable, en menos de 72 horas logró convocar por diferentes medios a casi cinco mil (5000) abogados estudiosos del derecho público en el País y en muchas otras partes del orbe, que se registraron alegremente para hacer parte del honroso grupo de juristas en las más variopintas maneras en que nuestros profesionales ejercen en el ámbito público ese quehacer del “arte de lo bueno y lo justo”.

La enjundiosa empresa, se erige en un bálsamo para una cofradía en donde no hay una sola encuesta que nos deje bien librados habida cuenta de la percepción negativa, por decir lo menos, de la sociedad civil hacia la práctica del Derecho, situación que se hace más crítica en un país como el nuestro, dado que ha existido históricamente una marcada inclinación de los jóvenes por escoger esta profesión como la mejor de las opciones para enfrentar la vida. En efecto, somos en Colombia un poco más de 400 mil abogados, 355 por cada 100 mil habitantes, cifra que porcentualmente supera a la de la mayoría de las Naciones.

En ese contexto, pues, se inscribe la imperiosa necesidad de que la academia, representada por este tipo de Colegios participe activamente en la consolidación y aglomeración de profesionales con la virtud suficiente para atender el rol que están llamados a cumplir los legistas: servir de puente natural entre la comunidad y los poderes públicos, sin distingo de la manera en que cada uno decida ejercer este oficio, por ejemplo desde la tribuna parlamentaria; desde la operativa posición administrativa que demanda la función pública; desde el directorio de las grandes empresas, resguardando su patrimonio; enseñando en las facultades de Derecho; en las columnas editoriales y de opinión; o fungiendo como juez, en mi concepto una de las más excelsas de las misiones humanas.

Pero además, no debe olvidarse que esa función subyacente a nuestra actividad, se potencializa al infinito cuando son los intereses públicos los que están de por medio, los que se entrelazan con quienes ejercemos en esa arista de la carrera, máxime cuando, en la “aldea global” en que convivimos se torna más y más indispensable mantener un relacionamiento de lo público por medios que no sólo son los físicos-territoriales sino los digitales y virtuales, permitiéndonos practicar el oficio bastando una herramienta tecnológica.

Que se erija entonces esta Colegiatura a la que le hacemos sentido homenaje, en una oportunidad para que no se desmaye en esos esfuerzos que avalan el concurso y la presencia institucional de cara a las reformas legislativas, al debate político, al fortalecimiento académico y, lo más importante, a la lucha por los postulados a los que nos debemos todos aquellos que con orgullo nos hacemos llamar ABOGADOS.

Finalmente, y como el pintor que a tiempo de culminar su obra no resiste la tentación de dar un pincelazo más buscando la excelencia, quiero hacer una alusión personal, por cuanto nada fácil es para mí escribir para el Magister y próximamente Doctor del conocimiento político y administrativo Mauricio Rodríguez Tamayo, toda vez que debo hacerlo en medio de la especial consideración dimanante de vínculos, que aunque no consanguíneos ni filiales refulgen de la sincera amistad.

Al efecto, más allá de la impronta que pueda tener el testimonio de quien ha transitado de cerca con él en su vertiginosa carrera profesional, vislumbro con alegría cómo, desde los albores de las reformas administrativas de 1986, ha venido in crescendo el despertar en la conciencia estudiosa de nuestra juventud costeña y una apasionada búsqueda del conocimiento ius publiscista;  validada con ejecutorias plausibles como la de Mauricio, a quien le adeudo su amistad y mi admiración por haber en tiempo record convocado el concurso de la más granada tropa de abogados administrativistas del continente, despuntando como referentes de la región costeña, Edgardo Maya Villazón, Álvaro Namén Vargas, Carlos Arturo Gómez Pavajea, Luis Rafael Vergara, Luís Carlos Torregroza D., Carlos Núñez De León y Jean Paul Vásquez entre muchos otros.

*Procurador Delegado para Asuntos Civiles y Laborales (PGN)

*ExMagistrado

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