Inquietudes acerca de la OMS

Desde finales de enero la opinión pública viene conociendo, tal vez como nunca antes, información proveniente desde y acerca de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aunque cuando la declaró ya la expansión del virus era indetenible, buena parte del mundo vino a interesarse por el coronavirus cuando esta organización la definió como pandemia e insistió en el estado de alerta mundial.

Por la información que circula, se aprecia desconocimiento sobre cuál es el papel y el alcance de las funciones de la OMS. Esta es una organización de las Naciones Unidas, creada también en 1948 con el fin de trabajar junto a los gobiernos para contrarrestar las enfermedades infecciosas y las no transmisibles. Entre sus funciones están las de “preparación, vigilancia y respuesta a las crisis”, así como la promoción de la salud a lo largo del ciclo de vida. Es en la primera, la de preparación y respuesta a la crisis, concretamente la del covid-19, donde se están manifestando mayores críticas a la organización.

Aunque en sus estatutos figura la potestad de expedir directrices, realmente estas son entendidas como recomendaciones que quedan al arbitrio de los respectivos gobiernos de los Estados miembros, que son los que le dan fuerza ejecutiva mediante sus mecanismos jurídicos internos. En el caso del covid-19, el Gobierno colombiano ha echado mano de las recomendaciones, dictámenes y advertencias de la OMS para fundamentar la mayor parte de la adopción de medidas de carácter excepcional, al amparo del estado de emergencia económica y social.

Como todas las organizaciones supranacionales, la OMS tiene una faceta técnico-científica, con su cuerpo de expertos, consultores y comités de asesoramiento, para ella en materia sanitaria, y otra de política y equilibrios diplomáticos, como mecanismo de reparto de poder entre las distintas regiones del mundo. Con esta última va aparejada una frondosa burocracia que en los últimos tiempos no ha estado exenta de cuestionamientos por servir de escampadero a dirigentes del continente al cual pertenezca el secretario general de turno.

Dos hechos han puesto en el punto de mira a la OMS, dentro de la gestión planetaria a la crisis provocada por el covid-19: la decisión del gobierno de Taiwan de revelar que el 31 de diciembre de 2019 advirtió a la OMS sobre un brote de una nueva enfermedad respiratoria del tipo de los covid en China, que se podría extender más allá de sus fronteras –como en efecto ocurrió– y el anuncio de Donald Trumpde que retirará las contribuciones de Estados Unidos a la OMS. Su país es el mayor aportante, y con independencia de que la Fundación Bill y Melinda Gates haya anunciado que compensará en parte ese faltante, el presupuesto de la entidad se vería seriamente diezmado y sus campañas en países afectados por enfermedades y virus se verían, por fuerza, recortadas.

De forma casi unánime los dirigentes mundiales han censurado la actitud de Trump, que apunta más a endilgar a otros lo que han sido sus errores en la gestión de la crisis del coronavirus en su país. Trump dice ahora que la OMS no le advirtió a tiempo la gravedad de los hechos, y acusa que la omisión de la OMS fue para proteger a China. Ahí están, sin embargo, las declaraciones de Trump desde finales de enero, desestimando todas las advertencias sobre la gravedad de lo que se les venía.

Sí hay un punto que los Estados miembros tendrán que atender, y es el de hacer una auditoría a los procesos internos, a la estructura y a la cualificación de los dirigentes que tiene la OMS, a quien no por ello dejará de reconocérsele su papel trascendental ahora y en cualquier época donde las enfermedades sean una amenaza para la humanidad.

* Internacionalista

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