Economía: por ahora el remedio está adentro

Egipcios o mayas, rusos o norteamericanos, todos los aspirantes a potencia histórica encontraron en el exterior fuente de prosperidad y expansión. La tierra se decretó redonda para satisfacer ese anhelo.

Los avances en materia social desde el siglo XIX y hasta principios de 2020, si bien imperfectos, se produjeron en medio de una apertura económica generalizada de la que se escapó a duras penas Corea del Norte. Comercio sin fronteras, inversión atraída por todos los medios, navegación universal, crédito accesible para países y empresas, multinacionalidad de las compañías, fueron sellos aparentemente imborrables. A esta intensa relación económica se sumaron internet, redes sociales, acceso masivo al conocimiento y creencia de que la salud humana estaba fuera de peligro. Nunca antes se había visto un avance tan grande y generalizado. La clase media se tomó la escena y la naturaleza sufrió los abusos de ese crecimiento. Tuvimos control sobre nuestra reproducción, con el consecuente envejecimiento de la población.

¿Qué pasará con el desempeño social y económico si las amenazas vienen de fuera? Si cada nación está en peligro por males que vienen de otras? Si la ONU sirviera para alguna cosa relevante, la respuesta sería global; pero sin gobernabilidad mundial, la respuesta es individual incluso en la UE y los EEUU: empezó por las medidas de salud, cuarentena por países, o por estados, o por ciudades; competencia feroz por reactivos y respiradores; reapertura por países, por sectores o por regiones. A una amenaza ecuménica, el hombre del XXI inexplicablemente, ha respondido con una actitud parroquial. La aplicación del duro kit de medidas antivirus es local; pero la formulación de esas políticas debe ser lo más amplia posible; el consenso es una urgencia como las batas médicas y los tapabocas. Gobiernos nacional y locales a trabajar en conjunto, sin ideologizar el virus.

El exterior se ve árido y envejecido. Tendremos unos años duros, con cierre en materia crediticia y de inversión, comercio exterior limitado casi a materias primas, alimentos y energía, con dumping y competencia desleal para generar rápido empleos en las economías desarrolladas. ¿Qué hacer? ¿Encerrarnos o mantener el esquema actual? La reconstrucción económica debería ser fruto de un amplio consenso y ser pragmática por encima de todo para mantener los empleos que quedaron, volver a generar muchos empleos perdidos, procurar empresas y fisco abiertos y volver a crear riqueza con mayor equidad y respeto por el medio ambiente.

Habrá que adaptarse al aislamiento externo de los grandes jugadores y resistir sus arremetidas, protegiendo temporalmente sectores que generan empleo, así sean oligopólicos, tipo agroindustria transable o materiales de construcción. Aplicar mecanismos legales, de OMC y de tratados, para proteger nuestra producción agrícola; lo rural, hoy casi todo sin COVID-19, que trabaje al máximo y sea objeto de notables cuidados estatales como los del Desarrollo Rural Integral para la PAZ. Animar la explotación racional de recursos naturales no renovables con el mayor respeto al medio ambiente, pues por un rato serán lo único de interés para las economías grandes. Construír infraestructura de manera general en el territorio. Incentivar a la industria con crédito barato y menores costos de operación. Permitir que los 8.010 municipios sin coronavirus se autobastezcan en alimentos, manufacturas básicas y artesanales y puedan reabrir sus comercios locales con todos los cuidados, así como escuelas, colegios y universidades municipales vigilando el buen servicio de internet. Un gran programa de empoderamiento económico territorial!

Los grandes van cerrar sus economías y a subsidiar aún más a agricultores, manufactureros y exportadores. Les venderemos a algunos nuestros alimentos, energía y materias primas a precios bajos, pero probablemente en el mediano plazo a niveles de bonanza. Cuando avance la nueva normalidad, volvamos a abrir pari passu. Lo más importante después de la vida y el sistema de salud, debe ser el empleo, recuperar lo esfumado. Y esperemos la reapertura externa, fortaleciendo el mercado interno ya y produciendo lo que el mundo pedirá y que por fortuna tenemos.

*ExMinistro de Estado

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