Dióxido de cloro: ¿un peligro para el consumo humano?

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El pasado domingo se conoció el caso de un médico que suministró dióxido de cloro a sus pacientes en la Clínica San Carlos en Bogotá.

Se trata del especialista Eduardo Insignares, quien se registró como promotor de un ensayo clínico con este elemento en la página de patentes de Estados Unidos, y utilizó dicho tratamiento en pacientes positivos para Covid-19, pasando por encima de las advertencias sanitarias sobre las consecuencias del uso de esta sustancia.

En un comunicado, el Hospital San Carlos afirmó que Insignares no tenía ningún vínculo personal ni comercial con la entidad y que se estaban cumpliendo con los protocolos del Ministerio de Salud y del Invima.

Sin embargo, ¿en qué consiste este elemento? El dióxido de cloro es por lo general un gas de color amarillo, que tiene la propiedad de disolverse en el agua y es utilizado para desinfectar grandes superficies, entre ellas las que contienen agua como las piscinas.

Jorge Marín, médico miembro de la Asociación de Toxicología Clínica Colombiana, explicó que “el dióxido de cloro tiene una particularidad y es que es una sustancia muy reactiva, es decir, que cuando está en contacto con el organismo produce daños o efectos rápidamente. Hay que tener en cuenta la vía por la que se expuso la persona. Si se inhala, genera lesiones a nivel de la mucosa, los pulmones o una neumonitis que puede ser mortal”.

El toxicólogo señaló que si este elemento es ingerido, el daño puede agravarse a mayor concentración, sin embargo, es necesario tener en cuenta las dosis, ya que en algunos casos, se usan mínimas cantidades para potabilizar el agua, lo cual está aprobado por las normas internacionales.

“El problema es que algunos productos o preparados que de alguna manera se han comercializado de forma inadecuada y disuelven el cloro en una concentración muy elevada. La ingesta de este elemento puede causar quemaduras en el organismo, daños en la mucosa y el sistema digestivo, disfunción renal, inflamación del hígado que puede causar hepatitis y daños en los glóbulos rojos”.

Con respecto a las precauciones que se deben tener en cuenta por parte de los centros hospitalarios y de los pacientes para evitar la ingestión o inyección de componentes cuya efectividad para alguna enfermedad no ha sido comprobada, Marín aseguró que debido a que no se ha encontrado un medicamento o tratamiento que ayude a combatir el Covid-19, algunas personas se aprovechan de la situación para promover fármacos o métodos inefectivos para tratar la enfermedad.

“Es necesario saber que no se deben seguir tratamientos que no tengan una base o sustentación médica para que sea aplicado y se muestre que sea efectivo. Cuando alguien va a recibir tratamiento para el coronavirus, debe firmar aunque sea, un consentimiento donde autorice este tipo de tratamientos, no obstante, se debe preguntar al médico qué procedimiento se piensa hacer y cuáles son sus efectos o consecuencias. Frente al departamento de medicamentos de los centros hospitalarios, cabe destacar que siempre está regulada por asuntos de ética y seguridad, por lo que si se debe realizar un tratamiento debe contarse con aval desde el punto de vista científico por la administración”, explicó Marín.

Finalmente, si se va a hacer una etapa de experimentación, es necesario que se cuente con la autorización del comité científico, médico y de ética para su ejecución y que se de plena información al paciente sobre el tratamiento que se llevará a cabo.

Bogotá (Colprensa).

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