Democracia y congreso

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Por
ÓSCAR
ALARCÓN NÚÑEZ

El Congreso y todos los parlamentos del mundo, no tienen quien los defienda pero si tiene quien le escriba. Que le vamos a hacer. Es una institución que garantiza la democracia. El general Rafael Reyes, que parecía ser buen gobernante, lo cerró y pasó a la historia como dictador. Ospina Pérez, ante la amenaza de que le iban a adelantar un juicio político, también lo clausuró. Rojas Pinilla actuó de la misma manera pero consiguió que una Constituyente, que se ingenió Laureano Gómez, legitimara su elección.

Ahora un sector político, de cuyo nombre no quiero acordarme, para ganar adeptos propuso, primero, reducir el numero de sus miembros y ahora cerrarlo. ¡Qué tal, y eso que se llaman como se llaman y que no quiero acordarme! Un Estado sin Congreso es dicta… dura. Un Congreso pequeño lo que permite es dejar las decisiones en manos de los amigos del gobierno que seguramente es lo que desean.

Si hoy la opinión pública se queja de que para elegir a un congresista se necesitan no sé cuántos millones de pesos. ¿Cuánto costará elegir a solo cien?

Si queremos, por lo menos, tener apariencia de democracia debemos ver a un congreso funcionando, presencial o virtual. Cuando en 1854 el general José María Melo le dio golpe de estado a José María Obando, el vicepresidente José de Obaldía encabezó la resistencia en Chocontá, se declaró en ejercicio del poder ejecutivo, y el 5 de agosto fijó en Ibagué la sede provisional del gobierno, con secretarios de Estados, magistrados y el procurador Lino de Pombo. Los senadores y representantes llegaron a la capital musical de Colombia y con toda clase de instrumentos reanudaron las sesiones del Congreso. No discutieron si podían hacerlo o no, o si se lo permitían la Constitución y las leyes. El gobierno y las cámaras entraron a trabajar y, como estaba el jefe del Ministerio Público, lo hicieron con Pombos y platillos.(Tomado de El Espectador)

*Abogado*Escritor*Historiador

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