Cero corrupción

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Se sostiene de pronto con verdad desde distintas tribunas de opinión, que una de las maneras mejores de combatir la corrupción es reducir el papel de los políticos y los burócratas en la sociedad. De la misma manera, acompañar tal aserto con una agresiva pedagogía en todos los estamentos sociales y eficaz campaña para debelarla, toda vez que, sin un mayor cambio institucional, es más que seguro que los resultados serán bastante negativos como limitados, especialmente cuando hay consenso poblacional respecto que la cultura de la corrupción, dado lo que hemos visto y vemos, llegó para quedarse, lo que por sí mismo plantea un todo desastroso e inconveniente.

Pareciera tratarse de un factor cultural, condicionado por años de reglas y normas que favorecen soborno, preferencias y prácticas que corrompen por igual servidor público y ciudadano, una de las razones para que sea tan difícil combatirla. Mucha gente en el poder y miembros de la élite se benefician de ese estado de cosas y no están dispuestos a cambiar las reglas del juego, lo que hace que la corrupción sea parte de la realidad social, convirtiéndose en un todo cultural difícil de romper, pero al que hay que romper cueste lo que cueste.

Trabajar con denuedo para que las actitudes y las normas de la gente puedan cambiar en el tiempo, reducir notablemente los niveles de corrupción, como fue lo sucedido en la República de Georgia, Hong Kong y Singapur, según el estudio hecho por el profesor Eric Uslaner de la Universidad de Maryland. Esos y otros ejemplos muestran una tendencia general y es la fuerte relación que debe existir entre el nivel de corrupción y el ambiente institucional. Si políticas e instituciones ofrecen oportunidades para que florezca la corrupción, la gente se comportará acorde con esa realidad. Si las regulaciones burocráticas son excesivas y costosas de cumplir, la gente las ignorará cuando pueda y sobornará cuando pueda para alcanzar lo propio de su actividad. De allí que siga campeando informalidad, delincuencia y corrupción.

La correlación mandatarios / alta corrupción es fuerte, siendo la corrupción efecto y no causa, como tampoco sea la causa del subdesarrollo, sino un síntoma de él. Se impone en vía a un control más eficaz cambiar el ambiente que alienta prácticas corruptas. El gasto público también suele ser una fuente de corrupción, de allí que se digamos con Simeon Djankov, que la corrupción se reduce significativamente si se reduce el papel redistributivo del Estado; lo que obliga reducir el gasto público de manera sustancial.

Entes territoriales con grandes problemas de corrupción deben reducir sin duda el peso del Estado; más aún si son unidades administrativas débiles, ya que de hecho la relación entre la corrupción y un Estado de Derecho débil es todavía más fuerte que su relación con la libertad económica. Debemos tener en cuenta que cuando el imperio de la ley es deficiente, la discreción de los gobernantes sobre el gasto y la formulación de las leyes abre puertas para más corrupción, lo que dificulta aplicar sanciones a quienes vulneran la ley, toda vez que se legislan más oportunidades para la corrupción en lugar de potenciar el bienestar. [email protected]

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