Duda razonable

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Esa escuela de pensamiento identificada con una política afín al conjunto de doctrinas, ideologías, corrientes y movimientos políticos basados en la idea de igualdad  en Colombia está desesperada, buscando por todos los medios posibles que al gobierno actual del Presidente Iván Duque  le vaya tal mal para cobrarles el fracaso, y pregonar desde sus tribunas de pensamiento, a manera de “duda razonable”, que ahora sí son una opción de poder  para el próximo período presidencial.

Ellos están jugándose esa carta porque ya se han convencido  de que la lucha armada no les ofrecía la oportunidad de ser una opción de poder; por eso mismo, conciliaron el Acuerdo de Paz con el Presidente Juan Manuel Santos, cuyo texto  se encuentra Imbuido de esa ideología; dicho acuerdo está escrito en el marco de una plataforma reformista de todas las funciones del Estado Democrático. Ellos apuntaron a aquellos procesos estatales que, en ningún país del mundo han podido cumplir a plenitud en favor de la sociedad entera, mucho menos aquí en Colombia, debido a diversas circunstancias.

Están intentando debilitar las virtudes del Sistema Democrático sin exponer ninguna idea realista, sustituta de esa deficiencia del Sistema para con la sociedad; sólo han diseñado seudoproyectos que deberían financiarse bajo el esquema financiero ya existente.  Es lo que yo llamo, elaboración de una “duda razonable” para figurar como opción de gobierno. Esa manera de intentar la formulación de una Política de Estado, aprovechándose de la miseria humana, es propia de ellos, que engañan a los ciudadanos en donde campea la pobreza, la informalidad y por lo tanto el irrespeto y desconocimiento del establecimiento.

El concepto “duda razonable” se aplica fundamentalmente en el ámbito jurídico, en el área del procedimiento penal; consiste en que para que se condene a una persona la prueba debe ofrecer la certeza sobre los hechos materia de la acusación, es decir se establece un estándar probatorio elevado para poder determinar la responsabilidad de una persona frente al delito. No debe haber ninguna duda; entonces, los defensores incitan a una “duda razonable” para ambientar la defensa de su cliente. De igual manera, estos ideólogos pretenden crear esa “duda razonable” social, económica y política en nuestro país para justificar un cambio obligatorio en todo el Sistema.

Sin ir muy lejos, observamos diariamente, la contradicción manifiesta de estos seguidores ideológicos, con todas las acciones y decisiones de los gobernantes. Por ejemplo, después de leer las 310 páginas del Acuerdo de Paz  del 11 de noviembre de 2016, uno se da cuenta que la cantidad de sandeces asociados a esa ideología allí plasmados guardan una consistencia crítica con lo planteado en este escrito.

Por otra parte, estos revolucionarios de pacotilla, convierten, de un plumazo, cualquier idea babosa, en derechos para quienes se aparten de la ortodoxia del establecimiento o para los seguidores de su secta política, con el firme propósito de convertirlos en un tumulto de reclamadores. Una de sus hipótesis es que debido a la supuesta incapacidad del Estado para llenar el vacío de poder dejado por las FARC, éstos han maquinado dos tendencias: una, la apremiante necesidad de que sus disidencias regionales mantengan el control sobre sus negocios ilícitos; y dos, el peligroso movimiento de otros actores armados para copar el territorio en el que las FARC extorsionaba.

A manera de conclusión infiero que la mencionada escuela de pensamiento recoge las teorías del Foro de San Pablo que, de acuerdo con Infobae, diario digital argentino, es el disfraz político de cosa reprobable organizada, transmutado ahora en el Grupo de Puebla, dizque para analizar el proceso de paz en Colombia.

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