La peste del racismo

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La humanidad no puede continuar trágicamente atada en la noche sin estrellas del racismo y de la guerra (Martin Luther King)

El reciente suceso mortal del afronorteamericano George Floyd por asfixia inducida en manos de un policía en los Estados Unidos, sumado a otros incidentes similares que ocurren periódicamente, ha desatado una ola de protestas en las ciudades más importantes de dicho país. La violencia policial contra ciudadanos afronorteamericanos, como George Floyd, no es cosa nueva en Estados Unidos. Al menos repasamos diez crímenes en la última década a manos de policías que o los asfixiaron o les dispararon. Las balas disparadas constituye la principal causa de muerte de las personas negras. Pese a la demostración o evidencias fácticas de estos asesinatos las declaraciones judiciales de inocencia de los responsables son mucho más que las condenas.

En  1967 murieron 43 personas en enfrentamientos entre manifestantes negros y la policía que balaceó esas víctimas. De esta forma en la última década al menos 10 personas murieron de forma letal e injustificada a manos de agentes policiales. Son los otros George Floyd conocidos por videos o denuncias mediáticas. Pero no son los únicos. Y tal vez no serán los últimos.

En lo que va del 2020 junto a Floyd fueron asesinados Ahmaud Arbery y Breonna Taylor. En marzo Taylor de 26 años de Louisville (Kentucky), recibió ocho disparos en una redada antidrogas que tuvo lugar en su casa. Según los agentes policiales en busca de estupefacientes abrieron fuego, tras recibir supuestos disparos del novio de la víctima. Luego se demostró que allí no había drogas y que la mujer fallecida no tenía antecedentes penales.

Más espeluznante fue la muerte de Arbery (en febrero). También de 25 años, el joven ciudadano afronorteamericano estaba trotando en una zona residencial de Brunswick (Georgia) cuando un ex-policía con su hijo le persiguieron y le dispararon por solo sospecha que se parecía a un delincuente relacionado con una serie de robos en algunas casas cercanas. Arbery era completamente inocente. Como vemos para el afronorteamericano es más fácil ser asesinado por un policía que ganarse un juego de lotería.

Se sabe que aproximadamente 1 de cada 1000 personas negras en los Estados Unidos pude morir como Floyd, Taylor o Arbery, es decir, en manos de agentes de la Ley. Lo que en la estadística los coloca 3 veces más propensos a este tipo de muerte que las personas blancas según la ONG Mapping Police Violence. El diario The Washington Post informó que por cada millón de habitantes del país, 30 afroamericanos mueren por disparos de la policía. Cerca de 22 corresponden a los  hispanos. La cifra de 12 representa a los blancos.

Derek Chauvin fue el policía que presionó brutalmente con su rodilla el cuello de George Floyd por casi nueve minutos. En esos momentos varios testigos comenzaron a grabar lo acontecido. El dolor y la angustia de Floyd por la falta de aire en sus pulmones lo llevó a pedirle a Chauvin que lo soltara (“Por favor, por favor, por favor. No puedo respirar”) Sin embargo este solo accedió cuando el hombre había desfallecido. Durante ese tiempo el brutal policía mantuvo su rodilla en el cuello de Floyd, según el informe de los fiscales e infinidad de videos que así lo comprueban.

El color de la piel no puede ser un impedimento para el desarrollo humano y el despliegue de los derechos humanos. El racismo ha sido siempre una cruel amenaza para el hombre. Ha sido lo máximo de odio en la historia de la humanidad justificado por nada de razón. El racismo es un odio irracional o estúpido de quienes ejercen algún poder en contra de aquellos que pertenecen a otra “raza”, en contra de aquellos que son diferentes solo en su fenotipo.

El prejuicio racial es de esta manera un hijo legítimo de la ignorancia o la estupidez. No hay razones científicas que justifiquen tal discriminación. Se sabe que para buena parte de los biólogos, genetistas y antropólogos, entre otros, solo existe una “raza humana”: el Homo sapiens. El abusivo señalamiento de las diferenciaciones raciales es producto de una serie intereses ideológicos, económicos, sociales o políticos. No obstante, duele reconocerlo, la historia del ser humano está plagada de guerras de exterminio contra pueblos enteros por la simple razón de ser en apariencia diferentes. El racismo ha sido instrumento de determinados sectores de la sociedad para engañar y dirigir a las masas contra un falso enemigo al que pueden culpar de todos los males.

No cabe duda que lo que muestran los videos en donde fue sometido George Floyd fue un asesinato de la policía norteamericana sin causa justificatoria. Sin embargo, como ocurre casi siempre, en el caso de los afronorteamericanos, el informe policial habla de una presunta resistencia del detenido y de encontrarse en estado de intoxicación por drogas o estupefacientes. El pasado 2 de junio salieron a la luz los resultados de dos autopsias que contradicen la versión de las autoridades y que confirman que fue un aleve asesinado por asfixia. También se supo que el policía responsable fue despedido y acusado por homicidio involuntario en tercer grado. A ojos de la justicia un asesinato sin intención de serlo. Está aún lejos la posibilidad de que se haga justicia en estos casos tal cual como ha ocurrido en el pasado en manos de jueces y de jurados compuestos por blancos.

No sobra señalar que la reacción de la población negra ha sido violenta. Sin desconocer además que dicha reacción ha sido interracial según los videos que circulan en los medios de comunicación y las redes sociales. Hasta el momento la única afectación en contra del policía Chauvin es la de su esposa. Una antigua reina de belleza de Minesota que le ha pedido el divorcio por la crueldad de su actuación y en protección de su familia.

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