“Hay que tener valentía para vivir en una cárcel”

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El 24 de septiembre de 2012 es el día que marcó un antes y un después en la vida de  Johana Bahamón. Su carrera como actriz estaba en pleno ascenso, protagonista de una de las producciones más vistas en la televisión del momento, buscada para ser vestida por los más importantes diseñadores de moda del país para los eventos más elegantes de la farándula nacional, aquel día, por primera vez en su vida, entraría en una cárcel.

Invitada como parte del jurado de un reinado de belleza dentro de las instalaciones de El Buen Pastor, la cárcel de mujeres en Bogotá, pudo conocer la otra historia de las que pagan sus penas en dicho lugar. Una de ellas, casi de la misma edad que Johana, se le acercó y le contó el crimen por el cual se encontraba en el Buen Pastor: asesinar a su marido al encontrarlo violando a su hijo de tres años, la misma edad del pequeño Simón, hijo de la reconocida actriz.

Es el momento en el cual, Johana Bahamón decidió darle un giro de 180 grados a su vida, crear la Fundación Teatro Interno, que ahora se conoce como Acción Interna, para lograr, a través del arte, la cultura y el emprendimiento, una serie de opciones, nuevas oportunidades para una población carcelaria, que en muchas ocasiones, no han tenido una sola oportunidad en la vida.

Con el paso de los años, como ella misma afirma, “al cumplir siete años en la cárcel”, ha recopilado una serie de historias, ocho en total, que decidió contar en un libro de 120 páginas sobre personas que terminaron en la cárcel por distintas razones, algunas de ellas continúan allí, pero que han logrado levantarse y aprovechar las nuevas oportunidades, que en esos lugares suelen ser escasas.

¿Cómo surgió la idea de este libro?

Nunca tuve en mis planes escribir un libro, pero desde hace tres años me ofrecieron que lo hiciera, y aunque lo empecé, sentía que no era el momento. El año pasado, recordé el ofrecimiento del libro y me empezaron a llegar las historias, por lo que decidí que era el momento de escribirlo. Voy a cumplir ocho años de trabajo en las cárceles y este libro cuenta cómo han sido los primeros siete, narrándolo a través de ocho historias que me han impactado. Son personas muy diferentes, con mucha diversidad que retrataran a nuestra población carcelaria.

Fue narrar sus historias y a la vez, poder contar nuestro trabajo ha sido maravilloso. Fui actriz durante 15 años y hace ocho me retiré de la actuación para dedicarme a trabajar en las cárceles y poder visibilizar esta población ha sido maravilloso.

En estos años de trabajo son muchas las historias que ha conocido en las cárceles del país, ¿Cómo fue la selección?

No fue difícil la selección porque son ocho personas que me han marcado, me han impactado, muy especiales en todo el proceso que llevamos en las cárceles. La primera historia, por ejemplo, es la historia de la primera mujer que conocí en una cárcel, mientras que la última, es la mamá de la bebé que actualmente yo tengo en custodia. Ya son parte de nuestra familia.

¿Qué tanto ha cambiado a Johana todo este proceso?

Yo cambié mucho desde hace ocho años. Cambié mi vida, cambié mi forma de pensar, mi profesión, porque encontré una razón superior que me alimentaba el alma. Es un aprendizaje diario, tras ocho años no dejo de aprender cosas. Trabajar con esta población es lo mejor que me ha pasado, eternamente agradecida por permitirme trabajar con ellos, quienes han abierto su corazón y me han contado sus historias. He aprendido a valorar todo mucho más y a necesitar muchísimo menos.

Un aprendizaje muy útil para estos momentos que vive la Humanidad…

Creo que más allá de lo difícil y doloroso que ha generado la pandemia, siento que también se puede ver como la segunda oportunidad que nos está dando el planeta para ser mejores seres humanos. Muchos estamos volviendo a la esencia a lo real, donde estamos siendo más solidarios y que sí podemos ser uno. Es el momento de poner por encima el bienestar común del bienestar individual.   Por otro lado, creo que también genera empatía con nuestra población carcelaria, porque ellos saben muy bien lo que es un encierro. Muchos se quejan por estar en sus casas y no poder salir, pero no son unas celdas, y que estamos en casa con la familia y no con personas desconocidas o tener que compartir un baño con 150 personas más.

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