No se deje cercar por los sueños del Covid 19

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Una de las quejas más recurrentes de las personas durante la cuarentena ha sido la imposibilidad de dormir bien. Las circunstancias, debido a la pandemia, han generado estados de ansiedad o depresión. Querer saber qué vendrá en el futuro, incluso qué sucederá las siguientes horas o el próximo día, impacta en sus hábitos de sueño.

María Isabel Montes, neuróloga clínica, somnóloga de la Clínica Medellín, explica que, al no tener control sobre esas situaciones, ni manera de resolverlos, es común que durante el día le estén dando vueltas a sus pensamientos, rumiándolos o tratando de digerirlos. Y se van a la cama con ellos, impidiéndoles descansar, ya que los hacen estar alertas, despiertos.

Esto suscita episodios de insomnio que si se repiten con frecuencia, se pueden volver crónicos. Pero además provoca que muchos de los sueños que tienen estén relacionados con la crisis, aumentando la angustia, porque creen estar viviéndolos y temen que se conviertan en realidad.

 “No hay estudios durante esta época de pandemia, pero algunas personas manifiestan que los pensamientos que les dan vueltas en la cabeza durante el día se terminan aflorando en los sueños. El sueño se fragmenta y la persona se despierta en una fase llamada REM (Rapid Eye Movement por sus siglas en inglés) o MOR (movimientos oculares rápidos)”, en la cual es más fácil recordar el sueño, aclara Montes.

Estos sueños provienen de la información que se recoge durante el día, a veces, incluso, de falsa información que las personas escuchan pero que son recreados mientras duermen, aun cuando no tienen lógica en la realidad; de sus temores, de lo que les cuentan.

“Como tienen estados de hiperalerta, se despiertan más en las noches, por ello recuerdan más los sueños. Es un estado de hiperexcitabilidad, de día y de noche”, sugiere la especialista.

El peligro al contagio provoca que tengamos pesadillas, pero se debe aprovechar para “que ese miedo pierda intensidad”. En este sentido, las pesadillas provocan “un estado de ansiedad y agitación en el momento de soñar, asociado a sensaciones que causan miedo o tristeza, de un modo tan intenso que se genera la interrupción del sueño”, señala el psicólogo Arturo Torres en la web “Psicología y Mente”.

Así mismo, una reciente “encuesta de sueños” realizada por Deirdre Leigh Barrett, profesora asistente de psicología en la Escuela de Medicina de Harvard, parece confirmar que la incidencia de sueños vívidos ha aumentado a medida que el virus se ha extendido por todo el mundo. Los estudios han demostrado que eventos como el ocurrido el 11 de septiembre cambiaron la forma en que las personas soñaron durante un tiempo, haciendo que sus experiencias oníricas fueran más intensas y memorables en los días posteriores a los ataques. Parece factible que la pandemia de coronavirus, que ha impactado personalmente a casi todos en la Tierra, pueda tener un impacto similar.

“Sin embargo, descifrar cómo y por qué eventos como estos afectan el sueño es difícil. A pesar del gran interés popular en el tema, la ciencia todavía comprende muy poco el soñar. Sabemos que nuestros cerebros usan el sueño para codificar recuerdos a largo plazo y también, sabemos que los sueños son parte de este proceso o un subproducto del mismo. Algunos estudios muestran que el sueño de REM, la etapa en la que tenemos los sueños más vívidos, también es crucial para nuestra salud, ayudando en la regulación y el aprendizaje emocional. Pero las complejas interacciones entre los eventos en nuestra vida diaria y nuestros sueños aún no se comprenden del todo”, agrega.

También señala que “algo que podemos decir con certeza es que la actual crisis de coronavirus ha provocado una gran cantidad de estrés y ansiedad para millones de personas. La investigación ha demostrado que el aumento de la ansiedad durante el día puede conducir a un contenido más negativo en los sueños. Estos estudios sugieren que nuestros sueños son sensibles a nuestros entornos sociales durante el día”.

RECOMENDACIONES

Para tener una correcta higiene del sueño, que le evite recrear aquellas experiencias en su jornada que quizá lo estén mortificando, lo recomendable es practicar algunas rutinas previas al momento en que cierre sus ojos con el ánimo de descansar hasta el otro día.

Tratar de hacer actividades que lo lleven a pensar en cosas diferentes, como la lectura, la meditación, el yoga es lo que recomienda la doctora Montes.

Las siestas durante el día se sugieren en aquellos pacientes a quienes les faltó sueño durante la noche, o que quizá se levantaron muy temprano; pero si la persona padece de insomnio, estos momentos de descanso diurno tendrán el efecto contrario: le quitarán presión a su sueño nocturno y se le dificultará irse a dormir.

“En la fisiología del sueño hay un ritmo circadiano; la presión del sueño es el cansancio acumulado durante el día. El ritmo más la presión son los que generan las ganas de irse a dormir”, acota la neuróloga clínica.

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