Taganga ve en la pesca, la salvación ante crisis económica

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Como si se tratara del pasaje bíblico donde se multiplican los panes y los peces, así se ve el corregimiento de Taganga, en horas de la tarde. Varios vecinos del “Paraíso de la Tanga” se arriman a la playa, para esperar a los pescadores que, en ocasiones, traen mucho producto y en otras, no tanto.

Lo que les importa a los habitantes de este sector de Santa Marta, es conseguir peces; han vivido toda su vida en el mar y creen que allí está la cura a la pandemia; dicen que el agua salada lo cura todo y que no han escuchado a ningún científico tener al mar entre sus posibilidades.

Pero en el afán por conseguir algo para comer, los pobladores no están teniendo en cuenta las medidas de aislamiento y prevención dispuestas, para mitigar la propagación del coronavirus.

Los tagangueros se aglomeran para comprar lo que será el pan de cada día, que por estos tiempos ha sido difícil conseguirlo.

Cuando cae el sol, regresan los pescadores con el producto y los habitantes del sector y de otras partes de la ciudad aprovechan el momento para negociar el pescado fresco al mejor precio.

Alrededor de la playa, el distanciamiento social, el uso del tapabocas y demás medidas de autocuidado parecen ignorarlas… y es que son más de tres meses que llevan los samarios encerrados, con el comercio paralizado y los negocios declarados en quiebra.

Taganga es un pueblo pescador por tradición e historia; quienes se dedican a esta actividad salen al mar a cumplir con extensas faenas, sin saber si pescarán lo necesario para sobrevivir.

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