A nuestra tercera edad, quién la atiende?

70

Anteriormente una Institución Inglesa denominada “Ley de la sociedad amiga”, definió en 1875, que los “ancianos” eran individuos de 50 años. La Organización Mundial de la Salud – OMS, reclasifica el concepto juventud/anciano, así: Menor, 0 a 17 años. Jóvenes, 18/65 años. Edad Media, 66/78 años. Anciano, 80/99 años. Mayores de larga vida, más de 100 años, nueva evaluación que soporta “En vista de la evolución de los alimentos, las actividades físicas, ahora practicadas por la mayoría de las personas, y el aumento en el número de personas que optaron por mejorar sus alimentos, lo que dio más calidad de vida y aumentó la esperanza de vida de las personas …”. Sugiere lo cual (yo diría, obliga lo cual), que nuestras autoridades gubernamentales, deberían tomar exacta cuenta de esta reclasificación respecto de quienes ayer todo lo dieron en nuestro favor y seguro estoy todos tenemos algún miembro en estas condiciones en nuestras familias, quienes deberían gozar cabal e integralmente de los servicios mejores de los gobiernos.

En Santa Marta y departamento del Magdalena, a nuestros gobernantes pareciera tenerlos sin cuidado la especializada atención que debe prestársele a todas aquellas personas, que reclasificadas para estos efectos por una autoridad mundial como la OMS, van de la edad media (66/78 años) -pasando por los ancianos (80/99 años)- a los mayores de larga vida (más de 100 años), especialmente cuando sabemos todos que hay muchas vidas en una vida; por ejemplo, no somos los mismos de hace un año y menos lo seremos luego de toda esta emergencia que nos impulsa a quedarnos con la esperanza, pero no con el olvido; ya que difícil será olvidar todos los estragos de esta pandemia de horrores y errores, que impone la necesidad de estar preparados para todo en todo momento.

Importan a futuro, independientemente de esta tragedia y ojalá sin parquedades, pero sí con voluntad y decisión, la imperiosa necesidad de ofrecerles las tantas garantías que menester fueren en vía de empezar a solucionar su situación específica, hacerlos sentir seguros; sino del todo, al menos medianamente. Tener para ellos un plan de ayuda. Y hablo no solo de las personas que viven en sitios instituidos para tal efecto, sino para todas aquellas en las condiciones señaladas. Deberá ser lo cual un cúmulo de acciones prioritarias, proveerles todas las posibilidades por y para su bien. Las administraciones gubernamentales y de salud deben tener planes para ellos, más cuando sabemos que en toda emergencia, e incluso sin ellas, son quienes más sufren.

El tiempo apremia y hay desde ellos llantos de soledad, peticiones de socorro, deterioro cognitivo y no aparecen los cuidados profesionales que deben tener, existiendo entre nosotros calificados médicos samarios habitando en la ciudad, especializados, con maestrías en geriatría y gerontología, actualizados, esforzados en su mejoramiento permanente y continuo, quienes suman y adquieren mayores conocimientos en simposios, congresos y demás otras actividades académicas. Médicos quienes no han sido tenidos en cuenta en su sapiencia y cualificación para tal ejercicio, lo que me parece a todas luces una perversión por parte de las autoridades, además de las referidas, las de orden sanitario a quienes compete directamente darle solución a esta grave problemática que se nos crece de forma alarmantemente. Es la situación de tal magnitud, que no tiene lo cual perdón terrenal ni celestial, ya que bien y mejor pudiese hacerse con ellos una grande como visible y titánica labor en su beneficio. Está en manos de quienes pueden remediar esta situación, empezar con su tramitación. Es tema este que obliga hacerle un seguimiento paso a paso (y desde ya me comprometo a ello), toda vez que es inconcebible semejante desinterés y consecuente abandono con esta población que no lo merece, y sí requiere de importantes como urgentes planes, proyectos y programas en ruta de solución a su problemática. [email protected]

También podría gustarte