Reconfiguración de las fuerzas políticas

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Una gran verdad en Colombia es que las campañas políticas presidenciales y las de Congreso se comienzan a estructurar con una gran antelación, lo que conlleva que muchos aspirantes posibles ‘saltan al ruedo’, comienzan a opinar como pre-candidatos, e incluso a armar equipos de campaña. Eso tiene que ver, parcialmente con la debilidad y fragmentación de los partidos políticos, pero también con la tradición de las últimas décadas de considerar que no hay ‘filas indias’ a respetar.

Es cierto que el gobierno del Presidente Duque, en medio de la pandemia, logró en la legislatura del Congreso que termina mejores resultados que en el pasado –pese a que fue una legislatura parcialmente mediocre-; eso no significa que se estén configurando alianzas para el 2022, es más la participación burocrática de los partidos Cambio Radical y de La U que entraron, por lo menos formalmente a ser partidos de gobierno y les nombraron ministros y la distribución territorial de la llamada ‘mermelada’ que todo gobierno utiliza para estos efectos. Claro, tuvo unas mayorías más holgadas para sus iniciativas, lo que no significa que eso valga para cualquier tipo de tema en debate, por ejemplo el de la paz.

En perspectiva de 2022, todo parece indicar que la coalición de los Partidos Centro Democrático-Conservador tendrá su fórmula presidencial, como en esta ocasión –probablemente con algún proceso de consulta interna entre los muchos aspirantes existentes-. El interrogante es si Cambio Radical se suma a la misma y todo depende de si el jefe histórico de ese partido, Germán Vargas Lleras aspira o no a repetir su candidatura presidencial; la llamada ‘casa Char’ estaría muy interesada en buscar incluir en esa fórmula a su aspirante Alejandro Char, pero eso todavía no es muy claro.

En el campo de la izquierda y la centro-izquierda es probable que tengan certeza que sólo una fórmula unitaria tendría alguna posibilidad de ganarle al candidato de la coalición de derecha, pero en sus toldas, paradójicamente, parece haber más ojeriza con eventuales rivales de sus cercanías que con sus adversarios del extremo ideológico. Eso plantea la pregunta de si serán capaces de superar los personalismos y consolidar una coalición amplia, o si por el contrario tendremos una repetición de lo sucedido en la anterior campaña presidencial –con iguales resultados-, con un candidato de izquierda y uno o varios candidatos de centro-izquierda. Seguramente Gustavo Petro aspira a repetir su candidatura, y por su lado están las pre-candidaturas de Sergio Fajardo y el senador Jorge Robledo, seguramente la representante Ángela María Robledo y el exgobernador Camilo Romero. Nada fácil la tiene este campo para lograr un acuerdo de unidad o convergencia.

Y el Partido Liberal, o lo que queda del mismo, que sigue siendo relevante –es la primera fuerza política en Cámara de Representantes-, ¿irá a jugar el mismo triste papel de la anterior elección presidencial? No es claro cuál será su rol. Un grupo de sus ex ministros abandonó el partido pero es difícil que sean capaces de lograr estructurar una nueva fuerza política con alguna capacidad de incidencia política real.

El Partido de la U, con la heterogeneidad en su composición es difícil que logre ser un actor relevante; quizá pudieran conformar un bloque con el Partido Liberal y convertirse en un factor de poder importante, por lo menos en el campo de las negociaciones. Posibilidad que se podría potenciar si además lograran atraer a Cambio Radical y convertirse en una opción de centro con posibilidades grandes de disputar las mayorías del Congreso y la Presidencia.

Pero todavía todo está por reconfigurarse. Amanecerá y veremos, dice el adagio.

*Profesor universitario

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