La crisis como oportunidad de integración

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Esta crisis que padeciendo estamos, considero, independientemente de sus circunstancias, por cierto, grave, constituye una importante oportunidad, toda vez que connota una serie de esencialidades sistémicas, al tiempo que señala la necesidad de construir rutas concretas, ya que se han desnudado todo un sinnúmero operaciones especulativas en detrimento de un orden real, lo que llama a la reflexión respecto del patrón de funcionamiento de la economía.

Como región debe ello alertarnos y ver tal situación como una oportunidad para avanzar en contexto de desarrollo integral, justo, sostenible y sustentable, donde converjan en ámbito de generosidad, proposiciones y construcciones que ayuden a articularnos sin improvisaciones, más sí con proyecciones, prospecciones y estrategia. No podemos seguirle apostando a promesas ni utopías que siempre se incumplen. Interesa una integración regional sólida que sea opción verdadera que ayude a superar la crisis tendiendo puentes y con amarres económicos, dinámicos y solidarios en lo agropecuario, lo minero y la energía, entre otros.

Hora es de ir tras la mejora de superiores indicadores macroeconómicos, producir un cambio estructural en todo cuanto desarrollo respecta, vale decir, mayor homogeneidad sectorial, mercado interno basado en el consumo de la base piramidal, exportación diversificada en productos y destinos, empleos de calidad dignos y bien remunerados, y productos generados con una mayor justicia social y ambiental. Es interesarnos en construir una propuesta para enfrentar la problemática, retomar el dinamismo de las ventas de los productos de exportación tradicional, así como procurarnos salidas en lo nacional y países circunvecinos.

Somos poseedores de abundantes recursos hídricos, bienes ambientales, sociales, culturales, energéticos y minerales; posibilidades de autonomía alimentaria, hídrica y energética; cierta infraestructura en empresas públicas y privadas, que podrían hacer parte en el proceso de construcción de la integración regional; además de buscar que cuaje un razonable grado de solidaridad política que propiciar pueda una verdadera integración regional como opción viable e importante. Una integración regional bien pensada, nos nutre de mayores oportunidades, impone el principio de la solidaridad, lleva al equilibrio y apunta a la justicia. Es fundarla en principios de complementariedad y solidaridad, y focalizarla hacia una sociedad más justa y equitativa económica y socialmente, donde el beneficio general e integral sean el superior objetivo para la satisfacción de las necesidades de nuestra población de forma más racional y eficiente.

Esto es de apurar, ya que en plata blanca la potencialidad para mejorar la calidad de vida de nuestros pueblos y pobladores lejos está de materializarse, razón por la que todo debe ser integral y no podemos quedarnos en lo eminentemente comercial, que socava la posibilidad de profundizar otras dimensiones de lo que debe ser una integración en beneficio para nuestros pueblos y pobladores. Requerimos soluciones que den prioridad a los intereses supremos regionales de los asociados, superar las dimensiones que poco o nada aportan y buscar ser soberanos en el compromiso conjunto de profundizar la democracia y autonomía regional, expresado en la construcción de una institucionalidad sólida, que funcione con políticas y acciones comunes que promuevan el desarrollo productivo y social que nos articule como debe y tiene que ser; esto es, un nuevo modelo de desarrollo con soporte regional. [email protected] *Jurista

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