Información, clave para reaccionar, decidir y acertar

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Una información óptima, definida, soportada, es fundamental para reaccionar, y tomar buenas decisiones y acertar. Es en estricto sentido, un cúmulo de datos supervisados, ordenados, singulares o conjuntos para ser percibidos por los sentidos y acomodados por símbolos o códigos, aptos para construir un mensaje basado en un cierto fenómeno o ente, que permiten resolver problemas y tomar decisiones en aprovechamiento racional como base del conocimiento con valor de uso y de cambio; de ser imperfecta, incompleta y abundante inoficiosa, se torna inane y obstaculiza los esfuerzos para llegar a objetivos urgentes, llevando a confusión y caos; de ahí que deba ser de calidad, veraz y disponible.

La buena información, con la que no cuenta el actual gobierno, y evidencias hay de sobra, lo coloca irremediablemente, de no corregirse lo cual, en la dura vía del desacierto y la inoperancia, lo que no debe ni puede permitirse, menos en situaciones como la que vivimos no solo nacional sino internacionalmente. Conduce ello a subestimar eventos, situaciones, a mal considerar y evaluar, a no sopesar las revelaciones inmersas en indicadores diversos, lo que lleva a generar tanto malos como peores resultados, lo que es inadmisible a todas luces, más por cuanto arrastra a malas, necias y hasta erráticas decisiones.

Bueno en todo esto replantear acciones con máxima autoridad que permita al gobierno definir la ruta a seguir y las medidas que la circunstancias demandan, a efecto (ya empieza a ser funesto), de no llegar a males que sigan perjudicando la buena marcha gubernamental en su precisa tarea pública, como resultado de la falta de una información genuina y definitivamente confiable, lo que socava un buen gobierno. No tenemos información de calidad, todo es inconsistente, sus efectos por ende incongruentes; y, las instrucciones dadas, desde luego inconsistentes al no hallar eco, y es ello lo que no debe ni puede ser.

Requerimos conciencia crítica, ya que no podemos seguir adoptando riesgos mayores a los que ya venimos padeciendo, repito, por falta de información óptima. La información que llegue a las altas instancias de poder debe y tiene que ser relevante y no susceptible en manera permanente de interrogantes y refutaciones, sino clara y estratégica para regenerar la confianza en la directriz de la tan delicada misión gubernamental.

No existe evidencia que haya habido estrategia con escenarios de variación respecto de lo que requerimos en cuanto a los diversos frentes que deben ser atendidos con puntualidad. Necesitados estamos de una referencia documentada de afirmaciones que desde el análisis juicioso sea dable para localizar deficiencias e insuficiencias informativas y las operativas que hubiesen sido inspiradas en la información inconsistente y en consecuencia, nada que ver; debiendo recordarse que sin información no hay gobierno, país ni Estado, y que ellos se construyen bien y mejor, con seguridades que producen espacios de fe y certidumbre en lo prospero, pero también en lo adverso. [email protected]

 

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