Calvinismo en nuestras instituciones 

29

Se recuerda por estos días el centenario del fallecimiento de Max Weber (14 de junio de 1920), uno de los más importantes pensadores del siglo XX. Sin embargo, el hecho ha pasado desapercibido por estas tierras debido a que la pandemia no permite que se hable de otra cosa. La verdad es que por los años cuarenta tampoco se hablaba aquí de ese importante filósofo alemán a quien un joven catedrático de derecho público y ciencia política, Alfonso López Michelsen, lo comenzó a difundir en sus clases en la Universidad Nacional. Fue en 1947 cuando, desarrollando su pensamiento, lo plasmó en su libro, La estirpe calvinista de nuestras instituciones.

Los estudios de Weber tienden a demostrar la existencia de una conexión directa entre el desarrollo del protestantismo, especialmente de la tendencia calvinista, y el capitalismo posterior a la reforma religiosa. Eso condujo, sostuvo López en su momento, a que desde 1811, cuando se aprobó aquí la primera Constitución, allí se aceptaba a Fernando VII pero al mismo tiempo ella se expedía “por voluntad y reconocimiento del pueblo”. Según el joven catedrático, con esa Carta se introdujo “el concepto calvinista en nuestra sociedad”.

Cuentan que en 1952 se realizó en el aula máxima de la Universidad Nacional un histórico debate entre los profesores López Michelsen y Leopoldo Uprimny (padre del muy querido y admirado, Rodrigo), en donde el primero defendía su tesis weberiana mientras que el segundo, húngaro, pero con amplios conocimientos de nuestra historia y de nuestras instituciones, consideraba que ellas tenían origen tomista que provenían directa e indirectamente del pensamiento escolástico. El debate concluyó en que ambos se mantuvieron en sus posiciones.

El verdadero líder político, según Weber, debería tener tres cualidades: pasión, sentimiento de responsabilidad y sentido de proporción. Hay que preguntarle a Uprimny (hijo), ¿quién las tendrá en este país calvinista?

*Abogado*Historiador*Periodista 

 

También podría gustarte