A un año del conejazo

Un año del conejazo. El dos de octubre celebramos el aniversario de la victoria, del triunfo del No en el plebiscito. Santos cambió las reglas de juego para bajar el umbral del 50% al 13%, levantó la prohibición de participación en política para los funcionarios de manera que todo el Gobierno central y los departamentales y municipales pudieran apoyar el Sí, le negaron financiación pública a la campaña del No y al mismo tiempo dedicaron miles de millones a la del Sí, engañaron a la opinión con propaganda que, el tiempo ha venido probándolo, resultó falsa, alinearon a todos los partidos políticos con excepción del Centro Democrático, ‘enmermelaron’ medios y periodistas. Y sin embargo, en una batalla desigual como pocas, como David contra Goliat, el No resultó triunfante.

Pero el aniversario que ahora se cumple es otro, el de la infamia. El momento en el que se rompió el sistema democrático en Colombia. En lugar de respetar el triunfo del No, Santos desconoció el resultado de ese plebiscito inventado. Mientras que en Gran Bretaña e Italia los jefes de gobierno perdedores de consultas populares abandonaban sus cargos, en estas tierras Santos se atornillaba, engañaba a la oposición en una mesa dizque para corregir los entuertos del pacto con las Farc, y maniobraba para que semejante atraco a los ciudadanos fuera legalizado por la Corte Constitucional que, apenas en días, pasaba de sostener que el resultado del plebiscito obligaba al Presidente a defender una “refrendación popular” en un Congreso que, en esta materia, sin duda era manifiestamente contrario a la mayoría ciudadana.

Semejante violación a la democracia nos probó la debilidad de nuestro sistema político y la fragilidad grosera de nuestras instituciones que, en lugar de defender la democracia y la mayoría ciudadana, se alinearon, por ideología y por corrupción, con un jefe de gobierno mentiroso, cínico y, para rematar, impopular como ninguno.

Un año después la realidad ha probado los engaños. La tal paz no existe. El Eln está más fuerte que nunca, las supuestas disidencias de las Farc continúan con sus actividades delincuenciales, las bandas criminales engordan sus bolsillos con el narcotráfico, las calles se inundaron de coca y son cada día más nuestros jóvenes y niños drogadictos.

Además de los “disidentes” que nunca dejaron las armas, al menos mil de los guerrilleros “desmovilizados” ya se devolvieron al monte a seguir matando, y Naciones Unidas denuncia que en las zonas campamentales de las Farc ya no quedan sino el 45% de los guerrilleros. Y el gobierno es incapaz de decir dónde está el otro 55%. Vivimos en un mar de coca, resultado en buena parte de los incentivos perversos al narcotráfico del pacto. Y los homicidios en las áreas de influencia de las Farc están desatados por cuenta de la lucha por el control de la coca, la minería ilegal y la extorsión.

Trágico. A un año del conejazo ni hay paz ni hay nada que celebrar.  

Abogado

 

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