¿Quién gana con la bonanza del oro? 

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Como no todo puede ser Covid-19 ni las decisiones de la Corte Suprema de Justicia hay que mirar otros temas de impacto nacional, como por ejemplo los proyectos de minería del oro, en estos momentos en que el precio del metal dorado ha llegado a un máximo histórico por encima de USD 2.000 la onza, ¿Colombia no debería aprovechar esa bonanza y permitir que se explotara la mayor cantidad de oro posible? ¿Esa no sería una alternativa para compensar la caída de los precios del petróleo?

Lo primero que hay que reiterar es que cualquiera que fuera la utilidad económica, ningún proyecto de minería debe permitirse si afecta de manera grave los ecosistemas y, en particular las fuentes de agua como suele suceder con la gran minería del oro. Por eso en proyectos como el de Minesa en el páramo de Santurbán, o el de la AngloGold con el cobre de Quebradona, Jericó, debe primar el criterio ambiental sobre los eventuales beneficios económicos.

Pero aún en minas que controlen los daños ambientales es muy poco lo que le queda al país de los mayores precios del oro. En lo que va corrido del siglo el precio de la onza troy ha pasado de 270 a 2.036 dólares; este año el incremento ha sido del 28%. La casi totalidad de los mayores ingresos se ha quedado en los bolsillos de los productores privados, muchos de los cuales son multinacionales o mafias dedicadas a la minería ilegal.

Con un mayor precio aumentan los ingresos de divisas por exportaciones del metal, disminuyendo así el déficit de la balanza comercial, pero también aumentan los giros de utilidades al exterior de las mineras internacionales, por lo cual es mucho menor el beneficio neto sobre la balanza de pagos.

El Estado, que es el dueño de todos los recursos naturales, recibe muy poco de esa bonanza. En las cuentas fiscales solo aumenta un poco el recaudo de impuesto a la renta, porque ya se eliminó el impuesto a las remesas de utilidades al exterior. La razón es el absurdo e inequitativo régimen de regalías que existe para el oro, que son solo el 4% del 80% del precio internacional. En los últimos años la regalía efectiva estuvo alrededor del 2,7% del valor de la producción. Es tan absurdo que la producción de sal paga una regalía mayor del 12%.

Es lógico que ninguna empresa privada va a tomar riesgos de exploración y explotación de minerales si el Estado se queda con una tajada demasiado grande. Pero también es lógico que el Estado tenga una participación mayor cuando suben los precios. Por eso en el petróleo se utiliza el sistema de regalías crecientes, tanto por el tamaño de la producción -van del 8% al 25% según el tamaño del pozo-, como por el precio: el productor debe ceder al Estado entre el 30% y el 50% del incremento de la cotización internacional.

Desde el 2011 el fallecido senador Juan Mario Laserna propuso un esquema de regalías crecientes para el oro. Es hora de revivir esa propuesta. Teniendo en cuenta que la exploración de petróleo tiene más riesgos y costos que la del oro, no hay razón alguna para no hacerlo y permitir que el Estado, es decir todo el país, se beneficie de la bonanza aurífera.

*Economista 

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