Se fue Amaranta Úrsula 

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Se fue Mercedes a encontrarse con Gabo en el más allá. No aguantó más su ausencia. Ella, su eterna mujer se fue en su búsqueda. En su novela cumbre él es Gastón –aunque después aparece como Gabriel– y ella es Amaranta Úrsula. Él iba los fines de semana a recogerla en la pensión de religiosas donde vivió siempre y la llevaba a su club deportivo. Ella le hablaba de Macondo como el pueblo más luminoso y plácido del mundo, y de una casa enorme, perfumada de orégano, donde quería vivir hasta la vejez con un marido leal y dos hijos indómitos que se llamarían Rodrigo y Gonzalo, y en ningún caso Aureliano y José Arcadio. Y ella, cuenta Gastón, no quería casarse si no la llevaba a vivir a Macondo.

Así, con esas palabras, llenas de belleza y realismo mágico, relata Gabo en Cien Años de Soledad el inicio de esa amistad, de ese amor, que hoy se prolonga en el más allá. Mercedes fue su eterna compañera, la que a su lado vio cómo fue creciendo esa genialidad que lo convirtió en el escritor más grande de la lengua española de los últimos tiempos.

Mercedes es el “cocodrilo sagrado” en los cuentos de Los Funerales de la Mamá Grande, la “diosa coronada” en El amor en los tiempos del cólera y la boticaria silenciosa y Amaranta Úrsula en Cien Años de Soledad. Para los amigos, la Gaba, y la Nobela cuando ganó el Premio Nobel su marido.

Siempre a su lado, administrando el Departamento de Rencores, como bautizó Gabo la sabia cualidad que tenía de apartarlo de aquellos que no le convenían. Era la guardia pretoriana que le permitió escribir cada vez mejor en la soledad de su imaginación para que sus amigos y el mundo lo quisieran más.

Ahora están juntos otra vez, en la gloria de la inmortalidad, observando como el mundo después del cólera de los viejos amores de sus padres, hoy sufre una nueva pandemia.

*Abogado*Historiador*Periodista 

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