¿Sin Uribe a la cabeza, podrá sobrevivir el Centro Democrático?

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En medio de la sacudida política que ha causado la detención del exsenador, el Centro Democrático para muchos es inimaginable sin él, quien pese a no ser el director de manera formal, sí es su líder natural y la imagen del partido. 

Luego de que la Corte Suprema de Justicia dictara medida de aseguramiento domiciliaria para el expresidente Álvaro Uribe, por presunta manipulación de testigos, la tormenta política no ha parado, en especial, por su renuncia a la curul que venía ocupando en el Senado y desde la que trazó el camino de consolidación del Centro Democrático, hoy partido de Gobierno.

En medio de la sacudida política que ha causado la detención del exsenador, el Centro Democrático para muchos es inimaginable sin él, quien pese a no ser el director de manera formal, sí es su líder natural y la imagen del partido. Sin embargo, como él mismo lo afirmó en su carta de renuncia, las posibilidades de regresar al Congreso son nulas.

Por esta razón se han empezado a tejer estrategias que permitan mantener a flote el partido de Gobierno, en medio de las fuertes críticas que le ha venido haciendo el lado más radical de la colectividad al presidente Iván Duque, por la postura que ha asumido frente al caso del exsenador. Sin embargo, la incertidumbre sigue siendo la característica principal.

El analista político Jorge Iván Cuervo asegura que para nadie es un secreto que este partido se creó y  desarrolló  alrededor de la figura del expresidente Uribe, no de ideas. Por lo tanto, agrega, la cohesión que tiene depende de la figura del expresidente y eso lo pone en un escenario complicado en el que la posibilidad más factible es que se vaya debilitando en términos, no solo electorales sino de vocería.

LINAJE POLÍTICO 

En medio del revuelo y de las especulaciones, el Centro Democrático hizo pública la inclusión el hijo del expresidente, Tomás Uribe Moreno, en un comité estratégico que analizará el futuro político del partido, lo que muchos interpretaron como la presentación del sucesor del linaje político del senador, pese a que el mismo joven salió a desmentir dichas afirmaciones.

 “Óscar Iván Zuluaga me invitó a participar en un comité informal del Centro Democrático. Mi rol es de consultor. Espero aportar análisis cuantitativo frío y sobrio. No aspiro a cargos ni a curules. No es momento de aspiraciones. Mi padre se encuentra secuestrado”, escribió el hijo del expresidente Uribe en su cuenta de Twitter.

Tomás Uribe no es el único que hace parte del comité que se encuentra analizando la situación del partido. También hacen parte Óscar Iván Zuluaga, el expresidente del Senado, Ernesto Macías; el representante Edwin Ballesteros; la directora del partido Nubia Stella Martínez; Hernán Cadavid y el senador Gabriel Velasco, quienes tienen el objetivo de no dejar que aumenten los tropiezos con el Gobierno y mantener la estabilidad de las bancadas en Senado y Cámara.

Yann Basset, doctor en ciencia política, opina que no va a haber un cambio radical en la estructura del Centro Democrático pese a la renuncia del expresidente Uribe a su curul en el Senado, porque es, precisamente, Tomás Uribe el símbolo que demuestra su vigencia en el partido, ratifica su peso político.

El analista agrega que mientras esté el símbolo de Uribe presente, en este caso representando por su hijo, un joven que no tiene antecedentes políticos, no habrá cambios en la forma como viene trabajando el Centro Democrático, y, por el contrario, podría haber una radicalización de las tesis que han venido defendiendo, pero en especial con lo relacionado a la necesidad de cambiar la estructura de la justicia, a raíz de lo que está pasando con su líder natural.

De hecho, este fue uno de los temas principales que volvió a poner de presente el expresidente en su carta de renuncia al Senado. “Hago votos por una reforma a la justicia que la despolitice al cambiar el sistema de elección de magistrados. Estos deberían llegar a la alta corte en edad madura que haya disuelto las vanidades y afianzado el apego a la rectitud, estar allí por largo tiempo en lugar de utilizar la silla giratoria hacia los negocios de la política”, indicó.

Pero contrario a lo que afirma Basset, Jorge Iván Cuervo señala que pese a ser una apuesta por mantener cohesión en el Centro Democrático, la presencia del hijo del expresidente, sin antecedentes políticos, podrían generar cuestionamientos alrededor de su legitimidad por parte de los senadores, lo que desembocaría en un ambiente nada conveniente para la colectividad. “Es un recurso simbólico, pero me parece que alrededor de la figura de Tomás Uribe no se puede reconstruir una narrativa de cohesión”, dice.

Por su parte, Carlos Andrés Arias, experto en comunicación política, señala que la estrategia de incluir a Tomás Uribe en el rediseño que se está pensado para el partido de Gobierno es desafortunada, no solamente por lo que significa en términos de construcción de país, sino como táctica política en sí misma, teniendo en cuenta que la situación del país en el escenario electoral  ha cambiado en los últimos años, en especial, en lo relativo al voto cautivo. “El voto cautivo ya no gana elecciones en ningún lado, es decir, el fenómeno que pasó con Iván Duque es muy probable que no vuelva a suceder. El que diga Uribe ya no vuelve a ganar”, añade.

Arias asevera que también es un inconveniente el hecho de Tomás Uribe no haya desarrollado una carrera política antes de lo que pasó con su padre sino que apareció en la escena como parte de una medida de contención. “Seguramente tendrá cautivo ese público votante que ya tienen con Uribe y que no se va a ir nunca porque ahí está el fanatismo, pero sería un gravísimo error de estrategia política”, dice.

LOS PENDIENTES 

Sin duda, lo que pase de aquí en adelante con el partido de Gobierno es retador en muchos sentidos, en especial por el impacto directo que tienen estas acciones sobre la administración del presidente Iván Duque, que atraviesa por un momento de crisis, derivado de la pandemia del Covid-19.

Jorge Iván Cuervo, indica que tal y como está el panorama, quienes tomen las riendas, posiblemente, utilicen la estrategia de irse radicalizando para llegarles a las bases electorales, que esperan este comportamiento de los que vayan a reemplazar al expresidente Álvaro Uribe. Con esto se refiere a un liderazgo más enfático en estar en contra del proceso de paz con las Farc, que rechace al expresidente Juan Manuel Santos y que se niegue a reconocer la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

Sin embargo, Cuervo anota que mantener el partido con esta radicalización le traería inconvenientes al presidente Iván Duque, en la media en que este tiene un estilo más enfocado a la concertación para poder sacar adelante temas tan importantes para él como la reforma a la justicia, para la que necesita una coalición fuerte en el Congreso, que podría perder si adopta una postura rígida.

Yann Basset añade que este proceso de radicalización del que habla Cuervo va en contravía de la política del presidente, que viene tratando de ampliar su base política y de armar una coalición en el Congreso de la que ya hace parte Cambio Radical. De esta manera, agrega, que si bien la pandemia por el Covid-19 es el escenario perfecto para buscar consensos más amplios, si su propio partido entra en un proceso de rigidez en las posturas, lo más probable es que los demás miembros de la alianza sigan esa línea. “Eso augura turbulencias para la coalición del Gobierno del presidente Duque”, dice.

Para Basset, el Centro Democrático es un partido que ha tenido una cohesión, no solamente ideológica, sino como bancada en el Congreso, con una posición ideológica marcada y radical, en comparación a los partidos tradicionales, donde el expresidente Uribe ha jugado un papel importante tratando de sortear las fricciones de los candidatos para mantener la colectividad, independientemente de los conflictos personales de cada uno de ellos.

Sin embargo, Carlos Andrés Arias asegura que sí considera que el uribismo sin Uribe no existe, porque no hay líderes locales regionales con el suficiente peso nacional para reemplazarlo, pero eso no significa que vaya a desaparecer la colectividad. “Yo lo que creo es que el Centro Democrático está en una encrucijada en la que terminará siendo un partido de tercera línea, un comodín, muy parecido a lo que es hoy el Partido Conservador, por ejemplo, o el partido Mira, aún más abajo”, dice.

Pese a esto, Arias advierte que el partido de Gobierno también tiene la oportunidad de convertirse en una fuerza poderosa en el país si en su interior  entienden que  la colectividad no solo depende de Uribe  y que pueden consolidar liderazgos más allá de él./Colprensa

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