Justicia y política 

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No puede ser en contexto de justicia que el manejo político en ella sea el interés supremo como lo estamos viendo en este país del Sagrado Corazón de Jesús. Es preocupante sin duda la forma como se imparte justicia mucho más allá de la justicia propiamente dicha. Todo se filtra, se viola el debido proceso una y más veces, lo que genera desconfianza en la ciudadanía, en la que crece exponencialmente con el transcurrir de las horas y los días, por los términos en que se hace, por lo que dice y cómo se dice y actúa.

No construimos historia, campea en el seno de las altas cortes la corrupción, se hipotecan los magistrados, permiten que se subordine la justicia a la política y con la justicia persiguen políticamente. Igual van tras protervos intereses, benefician a los unos en detrimento de los otros. No son sanos sus propósitos ni objetivos. La imaginación se queda corta respecto de lo que se proponen. Reciben una y más canonjías se perora en la esquinas y mentideros donde dicen saber quién entrega y quién recibe en actos ilegales y despreciables a todas luces, bien por provenir de aportaciones individuales de dudosa procedencia o sin registro de recursos públicos, que deberían ser sagrados para todos. Pareciera que la verdad no importara en el juego de intereses y que solo lo fuera, no la legalidad, sino la política mal entendida y peor encauzada.

Aquí no importa que un derecho para todos protegido por la Constitución, los tratados universales y que no está supeditado a la voluntad de una persona, como es el derecho a la verdad, sea pisoteado; y que la corrupción, en el seno de la justicia avance como abuso de poder afectándonos a todos de distinta manera. El destino de un país no puede verse malogrado por el querer de unos cuantos obligados a ser cumbres de moral, que debieran actuar no en connivencia con oscuridades sibilinas, sino en su función de contrapeso, en la búsqueda y procura de lo cierto, lo real, la prosperidad, el bienestar, la democracia y la protección colectiva de la seguridad jurídica, que no de la corrupción, misma que hay que combatir desde todos los flancos por ser sin duda, la que permea avasallante nuestra institucionalidad, entre ellas una consideraba incorruptible, como era la administración de justicia.

Las circunstancias que vivimos en estas materias es grave, no se privilegia la transparencia que debe aplicarse a toda la fase del sistema de justicia, lo que permite y hace que se desconfíe y menosprecien las instituciones, a las que la ciudadanía no les viene adjudicando ningún valor ni utilidad, en el entendido y la comprensión (a buen entendedor pocas palabras) que hacer justicia no importa, sino exhibir. No importa aquí invalidar juicios, corromper pruebas y proceso, ya que se hace fácil violar el debido proceso y los derechos, porque es lo mismo. Se aplica para unos si y para otros no, aquello de que el procesamiento y la sanción de los delitos, para esclarecer los hechos, proteger al inocente, procurar que el culpable no quede impune, sea una realidad. Juega la justicia entre nosotros a dos caras, con una revela decisiones y con la otra se desentiende respecto del cumplimiento de sus funciones a cabalidad.  Definitivamente subordinada está la justicia a la política. [email protected]

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