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En la carrera por la vacuna, países ricos atropellan a los pobres

El objetivo ideal de la OMS es vacunar a todo el planeta según un orden de prioridad independiente de las nacionalidades, comenzando por el 20% de las personas más vulnerables de cada país, incluido el personal médico, antes de pasar al resto.  

Richard Hatchett, gerente general de la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (Cepi), está «preocupado»: su trabajo es garantizar que las futuras vacunas contra el covid-19 se repartan de manera justa en todo el mundo, pero Estados Unidos, Europa y el resto de países ricos ya han acaparado las primeras dosis.

Siete meses después del inicio de la pandemia, e incluso antes de que hayan concluido los ensayos clínicos de las vacunas experimentales, algunos países desarrollados (Estados Unidos, los de la Unión Europea, Reino Unido, Canadá, Japón) han encargado un total de al menos 3.100 millones de dosis, según un recuento de AFP.

Donald Trump fue el primero: su gobierno firmó contratos que garantizan al menos 800 millones de dosis de seis fabricantes, para 330 millones de habitantes, que se comenzarán a entregar desde finales de año.

«Estados Unidos está potencialmente en posición de tener demasiadas vacunas si todos los proyectos en los que ha invertido tienen éxito», dice Hatchett desde Londres en una entrevista con AFP.

Este estadounidense puede entender, dice, que los dirigentes nacionales sirven prioritariamente a sus ciudadanos, pero pide a Washington que se comporte como un «líder» mundial y comparta sus dosis con otros países, algo que por el momento no está en los planes de Trump.

«Tenemos que persuadir a los líderes mundiales de que mientras la vacuna esté disponible en estas cantidades inicialmente limitadas debe compartirse a nivel mundial, que no debería darse el caso de que solo un puñado de países reciba todas las vacunas disponibles en el primer semestre de 2021», sostiene Hatchett, que pide no repetir el escenario de 2009, cuando los países ricos habían reservado las primeras vacunas contra la gripe H1N1.

«Estoy preocupado», añade.

Esa preocupación, compartida por varias organizaciones, condujo a crear un dispositivo, el Covax, para comprar y distribuir equitativamente 2.000 millones de dosis en 2021 por iniciativa de la Organización Mundial de la Salud, la Cepi y la Alianza para la Vacuna, Gavi.

Se incorporaron 92 países en vías de desarrollo y 80 países desarrollados, y la Unión Europea anunció el lunes una contribución de 400 millones de euros.

¿ORDEN DE PRIORIDAD?  

Pero el Covax a estas alturas solo ha adquirido 300 millones de dosis de AstraZeneca, un grupo farmacéutico que ha firmado por separado asociaciones con Estados Unidos, Europa, Rusia, Corea del Sur, China, América Latina, y Brasil.

La biotecnológica estadounidense Novavax, de su lado, ha firmado una asociación con un grupo indio para producir hasta 1.000 millones de dosis de su posible vacuna en India.

Las negociaciones de Cepi, financiada principalmente con donaciones públicas y privadas, incluida la Fundación Gates, están «en curso» con los demás laboratorios, pero no se ha anunciado ningún acuerdo. Ni siquiera con la biotecnológica estadounidense Moderna, pese a que la Cepi invirtió en ella muy pronto.

Solo unos millones de dólares girados a Moderna son poco en comparación con los 2.500 millones desembolsados por el gobierno estadounidense.

«Aunque seguimos en contacto con Moderna, para una inversión tan pequeña no podemos tener las mismas exigencias», reconoce Hatchett.

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