Pandemia ha intensificado las desigualdades 

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La Organización de Naciones Unidas (ONU) cumple 75 años de haber sido fundada en medio de un complejo contexto socioeconómico mundial, derivado principalmente de la pandemia Covid-19. Dentro de este contexto está en juego la credibilidad del sistema internacional, la existencia de la cooperación y solidaridad entre naciones, y más importante, la vida de millones de personas en todo el mundo. Uno de los principales objetivos de la ONU, y en el que se ha estado enfocando su trabajo en los últimos años, sobre todo desde la adopción de la Agenda 2030, es reducir las desigualdades económicas y sociales que existen a nivel mundial. A pesar de que se han alcanzado numerosos logros en el área, la pandemia sólo ha intensificado las desigualdades en el mundo, y ha golpeado mucho más fuerte a los más necesitados, a los marginados, a las minorías, ya otros grupos vulnerables.

Desde el comienzo de la pandemia, las desigualdades en el mundo se han hecho más evidentes. A pesar de que la Covid-19 cada día afecta a más personas en más países, decir que nos afecta a todos por igual sería estar mintiendo. No todas las personas tienen los mismos privilegios de acceso a servicios básicos, no todos reciben educación sobre el virus, y no existe el acceso universal a la salud. Mientras algunos pueden costearse tratamientos efectivos, otros deben soportar el virus sin poder recibir la atención adecuada, lo que resulta, en muchos casos, en la muerte.

Una de las principales conclusiones del Informe de la ONU sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2020, es que “más de 1.000 millones de residentes de barrios marginales de todo el mundo están en grave situación de riesgo a causa de los efectos de la Covid- 19. ” Además, el virus afecta en mayor medida a las mujeres, niños, y minorías (colectivo LGBT +, personas con discapacidad, indígenas, etc.), ya que estos grupos sufren más discriminación al momento de requerir asistencia médica.

La triste realidad es que el virus no discrimina, y puede infectar a cualquier persona, en cualquier parte del mundo, sin importar su raza, estatus social o político, orientación sexual, género, entre otros. Sin embargo, en este caso, la discriminación viene de los servicios de salud, de los gobiernos, y en fin, de aquellos que están en posición de ayudar a los más afectados. El llamado es a proveer una atención médica que no discrimine al beneficiario. Se debe promover el acceso universal a la salud, se deben ampliar los programas de atención médica a los más vulnerables, y llevar la ayuda a quienes más la necesitan. Se debe prestar atención a cómo el virus afecta a esas comunidades, a través de la recolección y publicación de datos desglosados.

Debemos asegurarnos de que todas las personas, sin importar sus características personales, reciban información y atención adecuada en estos tiempos tan difíciles. Es momento de mostrar y promover la solidaridad, no sólo entre gobiernos, sino entre seres humanos.

* Internacionalista 

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