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En una conversación telefónica con el profesor Malcolm Deas, ahora enclaustrado en Oxford, me manifestó su preocupación por la insistencia de los medios de comunicación en ubicarnos en el pasado cuando las circunstancias que nos agobian hoy exigen que volquemos nuestra mirada y nuestras reflexiones hacia el futuro. Un futuro que está plagado de espesos nubarrones para todos los países y, entre nosotros, con mayor razón por un proceso electoral que ya está en marcha y que ¡se está jugando con recursos de grueso calibre!

Bien pronto, la observación del profesor Deas se hizo más relevante cuando contrasté las noticias de la mañana con las reflexiones que se hacían en la vigésima cuarta Conferencia sobre América Latina convocada, como es costumbre, después de la celebración del Día del Trabajo en Estados Unidos, como lo recordó uno de los convocantes, Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, socio de esta conferencia junto con la OEA.

Sí, el contraste era brutal. Mientras aquí seguimos con el tema de Mancuso y ‘Jorge 40’, sus cartas y las amenazantes revelaciones que anuncian contra políticos, empresarios y militares, o sea, el pasado con todos sus horrores, en la conferencia auspiciada desde Washington nos hablaban hasta el cansancio de cómo superar la que el Presidente de la CAF calificó como la crisis más grave de nuestra vida republicana, ¡doscientos años!

Todos los expositores de una conferencia que dura tres días, comenzando el 9 de septiembre cuando escribo estas líneas, se refirieron a la complejidad de la crisis que vivimos y a las actitudes y eventuales fórmulas para confrontarla. El Nobel de Economía Joseph Stiglitz; el expresidente del BID Enrique Iglesias; la directora de la Cepal, Alicia Bárcena; la directora de la Secretaría Iberoamericana, Rebeca Grynspan; el embajador Tom Shannon, respetado diplomático estadounidense; y, por supuesto, el secretario general de la Ocde, Ángel Gurría, para mencionar sólo algunos nombres.

El pensamiento está enfocado en el futuro. Cómo corregir los problemas tan evidentes de desigualdad; cómo superar la brecha digital y prepararnos para nuevas crisis, o parecidas a esta pandemia o relacionadas con el cambio climático; cómo despertar la solidaridad no sólo en cada país sino globalmente, cuando es necesario obtener ingentes recursos para superar los déficits de todo orden que se anuncian y que desde ahora ya nos afectan. Al tiempo, se mencionan grandes oportunidades que podríamos aprovechar.

Se habla de un nuevo contrato social. No es poca cosa. Un contrato que supone un amplio diálogo social y una generosa disposición para igualar las cargas, mejor dicho, para mitigarlas. Se le asigna una enorme responsabilidad a la banca multilateral que tiene que aumentar sus recursos y reenfocarlos hacia unas sociedades que sean más inclusivas.

Enrique Iglesias mencionó la importancia de sendas reuniones de banqueros que tendrán lugar en España y Francia con este propósito.

Solidaridad, cooperación, integración son conceptos que abundan en los diferentes planteamientos. Ángel Gurría informó que en la Ocde estaban disponibles 97 trabajos sobre temas claves y su relación con el Covid-19. Sabemos que la Ocde es el principal y mejor tanque de pensamiento.

Y el tema de la corrupción no pudo faltar. ¿Cómo asegurar la transparencia en el manejo de los recursos?

Hora de matricularnos en el futuro, con una buena dosis de optimismo y con la actitud solidaria que se requiere.

*ExMinistro de Estado 

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