Lecciones aprendidas 

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La reciente inauguración del Túnel de La Línea, el cual hace parte del ambicioso proyecto Cruce de la Cordillera Central, ha suscitado reacciones encontradas en la opinión pública, un hecho que desde luego da cuenta de las complejidades que continúa enfrentando la construcción de infraestructura en el país.

La construcción del túnel, reseñado en medios internacionales como el más largo de América Latina (8,65 kilómetros), debió superar grandes obstáculos, como la existencia de ocho fallas geológicas, por lo que su finalización debería despertar alborozo y orgullo no solo dentro de la comunidad de expertos, sino también en la población. No obstante, desde diferentes frentes se ha mencionado que la terminación de la obra, marcada por serios problemas en su planeación, diseño y contratación, no resulta del todo positiva dados los significativos sobrecostos y retrasos (de no pocos años) que presentó.

Al respecto, es oportuno reconocer que algunos de estos señalamientos son ciertos y que las fallas que presentó la obra, desde su concepción, no deben repetirse. Sin embargo, los beneficios en materia de reducción de los tiempos de viaje y accidentalidad, así como la ostensible mejoría en términos logísticos, resultan de buen recibo, más allá de que algunas voces centren sus críticas en el hecho de que sea un túnel de una sola vía.

La entrega del Túnel de La Línea, que se verá complementada con la finalización de tramos de doble calzada hacia abril del próximo año, se ha dado de manera paralela a una mayor ejecución de las vías de 4G. En particular, a la fecha el Ministerio de Transporte reporta que 25 de los 29 proyectos de este tipo se encuentran en construcción, mientras que la Vía Girardot – Honda- Puerto Salgar se convirtió en el mes de julio en la primera 4G en ser inaugurada. Lo anterior pone en evidencia que es posible resolver algunos de los típicos problemas que enfrentan estas obras, asociados a la compra de predios, la certificación de las consultas previas y el trámite de licencias ambientales.

Es claro que todavía existe un gran margen de mejora respecto a solucionar con mayor celeridad los problemas mencionados. Es ilustrativo, en este sentido, el caso de la vía Mulaló – Loboguerrero, que resulta fundamental para la conectividad y competitividad del Valle del Cauca, toda vez que luego de cinco años no cuenta con la licencia ambiental.

Mejorar las capacidades del Estado para que no se presenten ese tipo de dilaciones, sumadas a otras lecciones aprendidas, deberá llevar a buen puerto las inversiones de infraestructura de 5G. Obras que incluye este plan, como la ALO Sur de Bogotá, el carril férreo de la Dorada y Chiriguaná, el segundo aeropuerto de Cartagena y la APP del Río Magdalena, por solo mencionar algunas, son necesarias para aumentar las ventas externas y acelerar el proceso de inserción de nuestros productos en las cadenas globales de valor. Al respecto, el Plan Maestro de Transporte Intermodal resalta que por una reducción de 1% en el costo ad valorem del transporte se daría un incremento del 7,9% de las exportaciones agrícolas y de 7,8% de las manufactureras, además de mejorar los procesos logísticos.

El Índice de Desempeño Logístico 2018 del Banco Mundial señalaba que Colombia se encontraba en la posición 58 entre 160 países, por debajo de algunos de sus pares regionales como Chile, México y Brasil. Por ello, es crucial que, dado el actual balance en materia de fallos y avances, se redoblen los esfuerzos para fortalecer la construcción de obras civiles, un imperativo para acelerar el tránsito hacia un país más competitivo.

*Presidente de Asobancaria 

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