Mercedes Barcha, la diosa egipcia 

109

Un mes ya de su partida al oriente arcano y eterno para reunirse, luego de seis años de soledad para ambos, con quien la tomo para sí como su diosa terrenal, su diosa egipcia, su musa encantada y encantadora, su verdadera heroína de carne y hueso, de cuerpo y alma. A Mercedes Raquel Barcha Pardo, la conocí a su lado, en visita que hiciera a su lugar de residencia en compañía del Maestro José Luis Diaz-Granados, primo de Gabo, muy querido por ella y uno de nuestros más altos valores literarios, en una de sus estancias en Bogotá. De lejos se notaba que era su pilar, su ancla, también el polo a tierra que le permitió al Nobel volar con su imaginación por universos literarios y mágicos. De belleza singular, un tanto misteriosa y amabilidad desbordante. Intrigaban sus profundos ojos oscuros. Firme en su actuar. Sabía a Gabo, excepcional, quien la describiera en “Cien Años de Soledad” como “la mujer sigilosa y silenciosa, de cuello esbelto y ojos adormecidos”. Era ella, fue mi percepción, una mujer interesante, inteligente, fuerte, alegre, aplomada, aguda, intuitiva, segura, lo cual se notaba en cada intervención que hacía.

Allí nos comentó de sus lecturas y de lo cotidiano. De lo divino y lo humano.  Aseveraba que debía mantenerse informada para de la misma manera mantener informado al Nobel, lo que en sus propias palabras le refería las informaciones con matices. Se les notaba complicidad. Nos brindó un Whisky y se sirvió el suyo, escena que repitió en varias rondas. Ese día nos preguntó sobre muchos personajes de la vida nacional, quería saber que pasaba, que se tejía en el mundo colombiano, pues no se permitía caer en engaños, nos dijo.

Nos habló entre muchas otras cosas, de la fe ciega en el talento de su esposo; de sus hijos y lo que en mente tenían de cara a sus propios futuros. No dudaba que también triunfarían, como en efecto ha sido, en lo que se dedicarían y que para ello nutria su hogar. Con mucho desenfado y sin pretensión alguna nos habló igualmente de sus viajes. Note en ella sencillez y empatía. Era su risa franca y su carcajada sonora. Fue la primera y única vez que pude hablar con ella y departir cual viejos amigos. Las otras veces que pude y hube de verla, la intromisión de cámaras y periodistas era evidente e impedía cualquier acercamiento distinto a un fugaz encuentro o un rápido estrechón de manos. Siempre fue para conmigo, cortés, cálida y efusiva en el saludo. Se le notaba en veces lo caribe, dentro de ese fantástico mundo universal que manejaba, conocía y le era común por ancestro y vivencias. La percibí como el complemento perfecto del autor, al fin y al cabo, nacieron predestinados.

Representó Mercedes Barcha, en decir del escritor inglés Gerald Martin, autor de la biografía “Gabriel García Márquez: una vida”, “Ella ha jugado el papel de la Beatriz de Dante, solo que Gabo, logró casarse con su Beatriz y vivir más de 50 años a su lado. Él ya era un genio cuando se casaron, pero sin Mercedes, no habría logrado hacer todo lo que después consiguió en la literatura y en la vida”. Para el cineasta y documentalista Rodrigo Castaño, “Mercedes es la gran novela de Gabo. Yo creo que ha sido completamente incondicional, pero con los pies en la tierra, mientras que Gabo, afortunadamente para todos, es la fantasía”. [email protected]

También podría gustarte