La inteligencia de estado… ¿en vía de extinción? 

Actos, acciones y actuaciones que se vienen sucediendo en el país, así como la ambigüedad de muchos de ellos, crea incertidumbre, confusión, duda, temor; y lo que es peor, no se ve entre quienes están encargados de atenderlos, quien pueda aterrizarlos y tome las riendas para proveer al gobierno de información preventiva, veraz y contundente que le permita a sus altas esferas tomas de decisiones ajustadas a realidades, en lo que cabe recordar en verdad de Perogrullo, que un Estado sin inteligencia es un Estado ciego y sordo, incapaz de tomar decisiones acertadas para lograr consolidar un buen gobierno.

Los retos en materia de inteligencia son muchos y mayúsculos, siendo de grande significación: inseguridad y paz; más, cuando existe la importante como urgente necesidad de restituir la seguridad pública en sus distintas aristas, cada una de las cuáles necesitadas de sistemas y enfoques de inteligencia distintos, pero debidamente articulados; toda vez que ella, la seguridad pública, demanda, en afirmaciones de expertos, de una sólida estructura de inteligencia que permita validar y hacer valer la información estratégica para alcanzar efectividad de operaciones anticipadas, reactivas y represivas del delito en la procura de disuadir a integrantes de la delincuencia común y organizada de distinto origen y propósito, a efecto de salvaguardar las libertades y garantías que entraña el orden público, al tiempo de tutelar los bienes de los ciudadanos para lograr la estabilidad socioeconómica, política y la convivencia democrática.

Igual se demanda de sistemas de inteligencia operativos y tácticos para acceder a información necesaria suficientemente completada, cumplir con objetivos de organización y así sumar elementos al servicio de la seguridad pública para el superior cometido de las instituciones instauradas para tal fin y por ende responsables de lo cual.

La seguridad nacional requiere de una política de Estado eficaz, jurídicamente enmarcada, como expresión de una sociedad en democracia que no debe ni puede circunscribirse de manera circunstancial como tampoco hipotecarse así porque sí; pues sistemas y estrategias en inteligencia exigen rediseñar dicho concepto para adecuarlo a políticas universales y generar medidas eficientes interna y externamente en beneficio directo para la seguridad del Estado, que es de lo que en esencia se trata. Urgimos hoy más que nunca de la arquitectura de una sólida política de Estado para la seguridad nacional, donde converjan los órganos del gobierno, participe con responsabilidad el legislativo en todo cuanto concierne a expedir la ley; y, el judicial en cuanto a proteger ley y derechos.

Hacer converger los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial e instituciones, es preciso, en vía de legitimidad y legalidad, para que eficaz e integral sean los mecanismos que preserven la integridad de la soberanía y avalado socialmente sea la paz y el Estado Social de Derecho. Los servicios de inteligencia, vitales sobremanera para la seguridad pública, política, ecológica y protección civil, tienen que identificar plenamente sus estrategias para servir a cada uno de estos propósitos y para que integralmente garanticen la seguridad nacional. Cada especialidad requiere proyectar y dirigir las operaciones con destreza, para que el proceso ordenado de la información sea un apreciable auxilio en la toma de decisiones para prevenir controlar y reprimir las amenazas externas o internas en contra del Estado, y así facilitar que la Fuerza Pública disponga de esta valiosa herramienta para garantizar la seguridad pública nacional. Todo ello, debidamente regulado y encuadrado en el orden jurídico vigente, en el entendido que los servicios de inteligencia son instrumentos invaluables en tal propósito. [email protected]

También podría gustarte