Contraste 

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El viernes 18 murió a los 87 años una magistrada de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos. La señora R.B. Ginsburg. Fue postulada por el presidente Clinton. Su desaparición ha generado dos fenómenos inusitados. Cientos de personas se acercan frente a la sede de la Corte Suprema en Washington para recogerse en meditación, recordarla y dejar flores. El New York Times del domingo le dedica buena parte de la edición. Y el despliegue continuó el resto de la semana. El periódico francés Le Monde, anuncia su muerte de lado a lado en la primera página. Era un mito para la franja progresista en Estados Unidos. Normalmente en minoría en una Corte que fue abandonando esa tendencia. Pero sus posiciones en favor de los derechos de la mujer y de las minorías le generaron esa admiración y tanto aprecio.

El otro fenómeno, inesperado, desató una fuerte confrontación entre los contendientes por la presidencia, Trump y Biden. El primero no se demoró mucho en anunciar que postularía al final de la semana una mujer para reemplazarla. Y Biden anotó que esa prerrogativa presidencial debería esperar los resultados del 3 de noviembre. Recordaba la resistencia de los republicanos por permitir que el Senado considerara el nombre de un candidato del presidente Obama para reemplazar al magistrado Scalía, muerto casi nueve meses antes de las elecciones presidenciales de 2016. Los ritos funerarios estaban por verse (velación en la sede de la Corte, entierro en el Cementerio de Arlington) cuando la confrontación entre republicanos y demócratas estaba al rojo vivo. Muchos afirman que el tablero electoral cambió y que este tema puede ser determinante en los resultados del 3 de noviembre. Ahora intentan debilitar su legado.

Es más, los demócratas anuncian que si los republicanos logran elegir su candidata, ellos propiciarían una ampliación del número de miembros de la Corte para así evitar que la tendencia conservadora de los republicanos domine la jurisprudencia del más alto tribunal en las próximas décadas, como que los magistrados son vitalicios.

Queda así en evidencia la naturaleza partidista del más Alto Tribunal. Una de las razones por las cuales el Constituyente colombiano prefirió que los magistrados de la Corte Constitucional fueran elegidos con la participación del Congreso, las Cortes y el Presidente. Una manera de asegurar el equilibrio en su composición. Es evidente que la Corte toma decisiones de naturaleza política con fundamentos jurídicos (autorizar la reelección presidencial, pero no permitir una segunda, por ejemplo). Sin embargo hay una gran diferencia entre una decisión de naturaleza política y una decisión partidista. Ese es el delicado equilibrio que deben preservar los magistrados.

Mientras tanto, ¡qué contraste!, leía en la revista Semana una crónica sobre el comportamiento vergonzoso de un magistrado del Tribunal de Cundinamarca quien, con su amante, había montado una organización criminal para vender sentencias, imponer sanciones millonarias de las cuales ambos se beneficiaban. ¡No quiero acordarme de sus nombres ni de las universidades que los graduaron! Y está el Cartel de la Toga y otros casos no menos deplorables.

Aquí no hay cómo registrar las manifestaciones de admiración hacia una magistratura, porque así haya quienes las merecieran -y son muchos- el escandaloso comportamiento de uno o más de sus colegas hace imposible una respuesta ciudadana de esa naturaleza. Allá las banderas están a media asta… ¿Y aquí

*ExMinistro de Estado 

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