El debate entre Trump y Biden

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El debate entre Trump y Biden por la presidencia de los Estados Unidos no fue un ejercicio de moderación para confrontar tesis, propuestas y la evaluación de las ejecutorias del gobierno en la era Trump. Se trató de un debate caracterizado por la agresividad de los contendientes que representan dos visiones distintas de la sociedad y del mundo, lo cual, desde luego, es propio de las democracias. Pero en este primer debate queda en evidencia que se trata de fuerzas políticas en choque y de adversarios cuyas posiciones polarizan el país porque no parecen tener puntos de encuentro o de convergencia.

En el debate, el candidato Biden utilizó expresiones duras para referirse a Trump quien, de todas maneras, es el presidente de los Estados Unidos; lo trató de payaso y mentiroso. Trump, por su parte, dijo que un hijo de Biden era consumidor de cocaína cuando estuvo en el ejército de los Estados Unidos; el debate, por supuesto, no era con el hijo de Biden.

En el espacio dedicado a la pandemia, Biden dijo que Trump no tenía una política y le endilgó toda la responsabilidad a su gobierno por el alto nivel de contagio y de fallecimientos, pero no explicó con claridad qué fue lo que falló o qué medida no se adoptó. Dejó entrever que la causa fue no haber cerrado el país a tiempo. Por ello debe hacerse una evaluación seria sobre las medidas de prevención que se implementaron y establecer con claridad en que fallaron o no, más allá de la utilización de frases vacuas que no dicen nada sobre la eficacia o ineficacia de tales medidas.

Por otro lado, Biden dejó en el ambiente dudas sobre la realidad de los impuestos que ha pagado Trump en los últimos años y sobre cierto aprovechamiento de la pandemia por parte de algunos sectores. También le reprochó al gobierno de Trump tener menos puestos de trabajo de los que había cuando llegó al poder, lo cual, si tenemos en cuenta las medidas para contener la propagación de la pandemia, pues es claro que tenía que ser así en Estados Unidos y en todo el mundo.

En cuanto al calentamiento global, la actitud de Trump es de desconocimiento de ese fenómeno; dice que el pacto de Paris tiene un costo alto para los Estados Unidos y que los países suscriptores del mismo aportan bastante menos. Pero, más allá de los aportes, Trump sigue sin creer  en la afectación al medio ambiente.

Esta clase de debates no permiten evaluar con objetividad lo que hacen o dejan de hacer los gobiernos sobre los distintos temas de la agenda pública; creo que permiten medir más actitudes y respuestas frente a preguntas inesperadas; es un escenario más apto para la improvisación y el histrionismo. Los tanques de pensamiento de los centros de investigación y las universidades de ese gran país bien pueden ayudar en esa tarea. Esperamos los dos debates restantes para ver quien exhibe mejores condiciones de liderazgo para enfrentar los enormes retos que demanda la coyuntura que está enfrentando el mundo.

*ExDefensor del Pueblo 

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