Un Magdalena fallido 

Somos sin duda como departamento el resultado vergonzoso como vergonzante de constantes desencuentros y de un cúmulo de intereses personalistas y de grupos que no han tenido nunca en cuenta a los más, lo que ha hecho de nosotros un Magdalena fallido. Hemos transcurrido como territorio entre diferentes expresiones sin haber logrado el cometido de un departamento verdaderamente organizado en el que estemos todos representados por igual.

Se han dado sí, muchas visiones, egoístas las más respecto del bienestar general, pero nunca definitivamente en relación a los principios básicos de convivencia social, ni en lo atinente a los procedimientos para la resolución, ni siquiera parcial, de las necesidades básicas insatisfechas de la población. Hemos transitado ciclos de malos y peores momentos en medio de crecientes incertidumbres, agravadas hoy por un autoritarismo que adquiere dimensiones dramáticas ante la tozudez irrenunciable de un mandatario, lejos en mucho, de las propias realidades y necesidades que acusamos como departamento (a las cifras me remito), lo que nos marca negativamente ante el resto del país como un Magdalena, itero, fallido en sus esencialidades hasta la fecha presente.

No tenemos una dinámica de progreso y prácticamente estamos abandonados a la desidia, tiranizados, sin prácticas acordes con un estilo consensual, ni con una visión de democracia como fin, ni con una definición de democracia como medio. Es miope la visión que tienen nuestros gobernantes de turno de lo que es, debe y tiene que ser una sociedad con un definido eje individuo-ciudadano frente a una noción comunitaria de la misma con centro en las organizaciones, una imagen del mundo globalizado como oportunidad frente a una percepción más bien amenazante de ese entorno y diferentes visiones sobre la equidad que se debiera y la igualdad de oportunidades que se requiera.

Vivimos actuando, lo que a todas luces se advierte, en una escalada de descalificaciones (en nuestro caso, referidos por los de hoy como los de antes), soportados en argumentos de una supuesta superioridad moral (que en los de hoy no vemos por ninguna parte), generando para todos, las muy nefastas consecuencias que estamos viviendo, vale decir la de un departamento del Magdalena fallido.

Obliga lo cual, en este contexto de desencuentros; y, en atención a lo político y la política, la necesidad de la unidad, así como reconstruir climas de compromisos para buscar las respuestas mejores en la verdad que el tiempo apremia. No estamos para contenidos vacíos, sino para soluciones, toda vez que no se justifica bajo punto de vista alguno un departamento a la deriva, en el que campean atraso, corrupción; nada de progreso, prosperidad, productividad, ni competitividad; pero sí falta de ética y escrúpulos, división, polarización, ineficacia y populismo, entre otras irregularidades, lideradas por alguien nada que ver, ajeno a buen gobierno y bienestar colectivo, quien desgobierna en medio de la desilusión y la desesperanza. [email protected]

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