Política y salud mental 

Las personas están sufriendo ansiedad, depresión y desesperanza y esto hace mucho más difícil el arte de gobernar. La pandemia del coronavirus ha potenciado las enfermedades asociadas a la salud mental, en Colombia y en el mundo.

En la encuesta Pulso Social, del Dane, 6 de cada 10 personas manifestaron sufrir  síntomas como la tristeza, nerviosismo, dificultad para dormir y cansancio. Los gobiernos tienen la obligación de destinar atención urgente y recursos, porque lo que está en juego es algo más que las enfermedades mentales y emocionales individuales, se trata de un serio problema social.

¿Cómo se gobierna un pueblo ansioso y desesperanzado? El malestar sicológico de los ciudadanos es chispa útil para quienes quieren incendiar las sociedades, acabar con las democracias desde adentro, y hacer tabula rasa de lo establecido.  A estos “pirómanos” que incitan al vandalismo en las marchas, los que justifican la provocación y la confrontación, les basta explotar, por todos los medios posibles, la incertidumbre que ha provocado el virus para debilitar al gobernante y a quienes consideran sus opositores, acusándolos de todas las causas represadas y no resueltas históricamente. Basta usar la caja de resonancia mediática para señalar un culpable, institucional o personal, y enfilar contra él todo el malestar emocional de una ciudadanía arrinconada por la pandemia. Mientras, aquellos que ven en el mal que aqueja a la humanidad solo un trampolín para manipular a las masas y satisfacer sus ambiciones de poder, se frotan las manos

Una sociedad cansada, hombres y mujeres con incertidumbre sobre su estabilidad laboral, desesperanzados, preocupados por su subsistencia económica, por el futuro de sus hijos, enfrentados a problemas de convivencia en los hogares, jóvenes sin oportunidades, obligados todos a confrontar una realidad + desconocida y temiendo el contagio o la muerte conforman una población represada, a punto de explotar como una olla a presión.

En el trabajo con víctimas de la violencia, me viene a la memoria una categórica advertencia que recibimos para que desistiéramos de dar atención sicoespiritual a las madres de Soacha y que recobra plena validez en estos tiempos: “el estrés postraumático es el caldo de cultivo de la ideologización. Las víctimas sanas no sirven para el trabajo político”.

La ciencia, en pleno siglo XXI, ha avanzado mucho en el tratamiento de todos los males de la mente, del comportamiento y de las emociones. El problema no es el tratamiento en sí mismo, sino el acceso a la información, al diagnóstico y a la curación. Las herramientas para aprender de adaptabilidad y autocuidado emocional que se requieren con urgencia en estos tiempos, se deben poner al alcance de todos a través de los medios masivos de comunicación. Socializar el conocimiento.

Es buena política que el Gobierno priorice la salud mental de los colombianos, no sólo por salud pública sino como muro de contención para preservar nuestra democracia.

*Periodista*Defensora de DD.HH. 

 

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