Un líder untado de pueblo

El legado de Horacio Serpa en la política nacional trasciende a su rol como líder liberal. Su cercanía al expresidente Ernesto Samper, su papel en la constituyente del 91 y sus recalcitrante apoyo a los procesos de paz, marcaron su imagen y su camino como político. 

Antonio Navarro Wolff, quien también hizo parte de la Asamblea Nacional Constituyente, lo recuerda como “un hombre hecho a pulso, un demócrata integral, hombre amante de la paz, sustancial en el consenso de 1991; fue alguien que merecía haber llegado a la Presidencia de la República”.

El vocero de la alianza Verde también resaltó que Serpa hubiera sido “un gran presidente”, uno de los poco cargos a los que aspiró y no logró llegar, gracias a que “era un demócrata integral, hecho a pulso, quien ocupó prácticamente todos los cargos públicos del Estado colombiano”.

El exministro Juan Fernando Cristo también opinó en el mismo sentido, asegurando que Serpa Uribe solo le faltó ocupar el cargo como jefe de Estado, pese a que tenía toda la fuerza popular y una gran conexión con la ciudadanía.

 “Horacio Serpa es el último gran caudillo que tuvo Colombia, hombre de convicciones, hombre de lealtades, que ejerció la política con transparencia, que estuvo en la política defendiendo los ideales hasta lo ultimo de sus días”, resaltó Cristo.

El exministro resaltó que el líder liberal “siempre defendió unos principios y siempre defendió unos ideales hasta el final de los días. Hace mucha falta esa clase de dirigentes políticos hoy en Colombia”.

Para el subdirector del Centro de Pensamiento sobre el Conflicto Armado, Paz y Postconflicto, Ariel Ávila, son tres los grandes aportes de Serpa a la política colombiana. El primero, su rol en la Constitución de 1991; el segundo tiene que ver con su participación en procesos de paz con grupos insurgentes; y el tercero consiste en haber sido uno de los caciques liberales más importantes del país.

 “Él fue muy activo en su momento con el proceso de la corriente de renovación socialista; insistió en la lucha por el proceso de paz del Caguán y los Acuerdos de la Habana”, señala.

En cuanto a sus aspiraciones presidenciales, Ávila señala que “su convicción por la paz fue la que lo llevó a perder; cuando las Farc secuestran el avión de Avianca, él en vez de acabar el proceso de paz, lo siguió defendiendo; sus convicciones eran más importantes que el marketing”.

Para el historiador Arnovy Fajardo, a Serpa hay que verlo como uno de los gestores de paz más representativos en los últimos años, pues fue negociador en procesos con el EPL, las Farc y el M-19.

Resalta que el ‘Proceso 8000’ terminó por definir “el debilitamiento de Serpa como jefe liberal; fue un desgaste tanto para él como para el partido. Eso es una lástima, porque Serpa tenía mucho prestigio como constituyente del 91”.

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