Polarizado ambiente político 

Que una elección presidencial sea muy reñida, y que los resultados parejos de los candidatos no permitan una declaración rápida sobre el resultado de la elección, entra dentro de lo previsible y habitual en un sistema democrático, y más cuando se trata de un sistema bipartidista como el estadounidense. La diferencia estriba en la forma en que los candidatos asumen sus responsabilidades ante sus votantes y ante la sociedad: si confiando en las instituciones y aguardando con normalidad el conteo de los votos, o si, por el contrario, optan por patear el tablero y enrarecer el de por sí polarizado ambiente político.

Uno de los mayores temores en estas elecciones presidenciales en Estados Unidos era la actitud del presidente en ejercicio, Donald Trump, candidato a la reelección, ante un resultado adverso o ante la posibilidad de que el conteo de votos se produjera de forma lenta, como en efecto lo ha sido. Trump llevaba meses sembrando dudas sobre la transparencia del voto por correo, que en esta elección resultará decisivo, y desde la noche Decenas de observadores y analistas políticos habían previsto este escenario, en efecto muy propio del estilo de Trump, quien ha dicho que sencillamente nunca concibe perder. Si hace 20 años la elección entre George W. Bush y Albert Gore hubo de ser definida en los tribunales, ambos aceptaron someterse a las reglas y a las vías institucionales. Hoy el mayor impugnador y atacante del sistema es el presidente en ejercicio que manifiesta sin tapujos que solo acepta una solución que asegure su victoria. Un tremendo torpedo contra las reglas de definición democrática de la gobernanza y un potenciador de un clima violento en un país que durante este cuatrienio ha sufrido una involución dramática en su normal convivencia ciudadana.

Al momento de escribir esta columna, Biden se acercaba a la cifra de los 270 votos de los colegios electorales, necesarios para ser declarado ganador. En votación popular, superaba los setenta millones, alcanzando la más alta cifra de candidato alguno en Estados Unidos. Se sabe bien, no obstante, que no basta tener el mayor número de votos para ser elegido presidente.

Si, como bien han señalado varios politólogos, Trump nunca ha tenido en las encuestas más del 50 % de apoyo popular a lo largo de todo su mandato, es considerable la magnitud del apoyo obtenido en tantos estados, lo cual indica que el juicio adverso que su gestión merece en el exterior y en sectores de su país no es compartido por amplias capas de población. Y el partido demócrata, por su parte, aun si al final su candidato es declarado ganador, deberá iniciar una intensa labor de promoción de sus mensajes y programas porque no pueden decir que el programa electoral haya despertado una adhesión tan fuerte que les asegurara mayorías incontestables.

Por otra parte, en la renovación de la Cámara de Representantes el partido demócrata conserva su mayoría, y en el Senado lo hacen los republicanos, conservando una capacidad de maniobra que, si el vencedor es Biden, lo maniatará para muchas de sus políticas, como ocurrió con Barack Obama.

Sea como sea, se vienen semanas de enorme tensión política y de un ataque a las instituciones por parte del actual presidente que pueden dejar muy maltrecha a la gran democracia americana.

* Internacionalista 

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