Un necesario liderazgo

Una sociedad, cualesquiera que ella fuere, no puede vivir oscilando entre irresponsabilidades, desatenciones, como tampoco dejar hacer y dejar pasar lo importante y urgente. Requiere de dirigentes con un sólido liderazgo, demostrados carácter y criterio, personas quienes de manera permanente revaliden su quehacer, se pongan al frente de la línea de combate para conducir a su gente, evitarle lo peor y esperar que los resultados le certifiquen ese liderazgo. Es entender que los pueblos se conducen con responsabilidades políticas e institucionales, más cuando la economía sufre, tal como hoy lo estamos viviendo y no se vislumbra su inmediata recuperación.

Pasamos por momentos en los que importa para la política cambiar la discordia por el aporte, lo mismo que portarse y comportarse de acuerdo con el tamaño de la crisis y sin alusiones inoportunas. Interesa darnos respuestas sobre aspectos realizables respecto de cuál es la salida mejor para afrontar en nuestras unidades territoriales y sin improvisaciones en el corto mediano y largo plazo, puesto que además de los problemas mayúsculos derivados de la pandemia que se anidan, tenemos una serie de problemas propios que han requerido desde siempre soluciones y esta emergencia no los desaparecerá, razón por la que independientemente de lo cual, se imponen sensatez, unidad, leer y descifrar la situación actual al derecho y al revés y proseguir en consecuencia en la búsqueda de las soluciones que cada caso amerita.

Es también razonar que la política no es lineal ni ingenua, que hay en ella quienes no funcionan, lo mismo que aciertos y desaciertos, últimos estos de los que nos hallamos saturados. Necesitamos de una enorme dimensión política en ruta a hacer reales las tan demoradas soluciones y adentrarnos en un amplio acuerdo para enfrentar la crisis. Importa realmente que los problemas se resuelvan de manera integral, en lo que no basta la sola voluntad política sino se acompaña de decisión y se convoca la participación de los sectores de la vida nacional. La crisis es demasiado profunda como para no explorar todas las posibilidades. Se trata de definir acuerdos fundamentales de cambios, transformaciones y superación, protagonizados por todos sin importar las extracciones políticas, que seguras y coincidentes sepan para y hacia dónde van.

No deben influir en un real liderazgo prejuicios ideológico contra ningún sector sino atenderlos todos desde las una y más garantías protegidas por la Constitución, en la verdad que la patria se hace con todos y no soportada en una ideología que pretende apropiarse de un territorio y estar ciertos que siempre es mejor el acuerdo que el conflicto, lo que nos indica que quien ejerce liderazgo no puede ser extremadamente ideologizado, verbalmente violento ni socialmente sectario. Hay que promover el diálogo, no incurrir en propiciar enfrentamientos de lucha de clases que mal termine, lo que sería un desastre más al que ya se vive, al estar inmersos en una crisis sanitaria, económica y social demasiado profunda. Alimentar la hoguera del enfrentamiento social nos lleva a que sea peor el remedio que la enfermedad y de ello no se trata. [email protected]

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