Biden ya logró unir

A pesar de las cancamusas judiciales de Trump, los medios y analistas más conspicuos dan a Joe Biden y a Kamala Harris la victoria en estas elecciones del año de la Covid. Un triunfo claro, predicho por las encuestas, esperado por casi todo el mundo y negado por Trump. Es para él negación y miedo: el que quiere infundir al resto de la humanidad echando al Secretario de Defensa, Mark Esper, quien se negó a enfrentar la protesta social antirracismo con fuerza militar; y el mismo que declaró, hace seis meses, que ni él ni los generales estaban en disposición de apoyar nada distinto al resultado electoral, de competencia exclusiva de la autoridad civil. Pero los puestos claves del Pentágono están siendo copados por gentes de menor nivel, leales radicales ahora llamados “loyalists”, es decir lealistas. Si estas “jugaditas”, como dijera el bachiller de marras, las estuvieran preparando Galtieri, Erdogan, Putin o Mugave, no cabría duda de la intención dictatorial de las mismas y ya estarían emitidos los comunicados en las Cancillerías rechazándolas con todo vigor. Los amigos de Trump, a excepción de Duque, se demoraron para felicitar al ganador; nuestro Presidente sí madrugó a felicitarlo, tal vez contra su deseo; pero el gesto es valioso y sobre todo necesario, para tratar de recuperar en enero la atención de la Casa Blanca sobre nuestros intereses comunes. Y, sobre todo, la atención del Congreso, que a esta hora pareciera republicano en el Senado y Demócrata en la Cámara; siempre han querido los norteamericanos apelar a ese balance cuando sienten demasiada división en el liderazgo, porque obliga al Ejecutivo a buscar consensos, ejercicio en el que el Presidente Electo es ducho. Pero ese ejercicio consume capital político; cuando Colombia era un asunto bipartidista en DC, no teníamos qué preocuparnos por las mayorías. Ahora, que jugaron a ser aliados solo de los republicanos y perdieron, hay que sanar las heridas y reconstruír la relación bipartidista. La señora Pelosi estará atenta y le cobrará al Centro Democrático haber sido clave para que uno de las mujeres íconos demócratas, Donna Shalala, nada menos que presidenta de la Universidad de Miami y de la Fundación Clinton, perdiera las elecciones en Florida; su contendora roja, Maria Elvira Salazar, modelo y presentadora de Univisión, no deja de agradecerles en las redes a Uribe y al Centro Democrático el triunfo; de ese tamaño fue la injerencia.

Biden ya ha identificado cuatro asuntos claves para la relación del nuevo gobierno con A. Latina y Colombia: 1-La Covid.  2-La recuperación económica con equidad. 3-La seguridad ciudadana. 4-Venezuela. Todos son temas vitales, serios, que requieren un nuevo equipo diplomático. Mentes y corazones que tengan toda la confianza de Duque pero que no generen desconfianza en Biden y los suyos. Porque habrá que revisar tópicos y decisiones delicados: la no aspersión aérea de la coca y el cumplimiento de los acuerdos de 2016 sobre erradicación; el acatamiento de los Acuerdos de Paz, a los que ayudaron Obama y Biden; la defensa de los Derechos Humanos y de sus defensores; el cuidado del medio ambiente; la relación con Cuba y Venezuela, esta última a la espera de saber si finalmente se autoriza a Chevron para operar en ese país, como lo hizo Trump en enero de este año en una decisión que pasó desapercibida, pero que es trascendente para averiguar qué le espera a la recuperación económica y a la estabilidad de Maduro.

Los EE.UU. nuevamente en la OMS, la Unesco, en la Banca Multilateral apoyando, en la OTAN, en los acuerdos antinucleares con Rusia e Irán, presionando al Reino Unido para que respete los acuerdos de paz de Viernes Santo en Irlanda y en el Acuerdo de París sobre cambio climático, serán un alivio global. Por el momento Biden ya logró que nuestros cinco expresidentes le manifestaran su apoyo y se declararan sus amigos. No es poco, cuando, de verdad, lo son solamente tres de cinco.

*ExMinistro de Estado

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