El Presidente de EE.UU.

Recuerdo que hace unos años se escuchaba un chiste según el cual un gringo le decía a un colombiano, en confuso español: “En mi país terminar las elecciones a las ocho de la noche y cinco minutos después saberse quien es el presidente”. “Eso no es nada, gringo –respondía el criollo–, en Colombia se sabe cuatro años antes”.

Ya eso no es así. Las elecciones norteamericanas de este año parecieron más hechas  cerca del rio Guatapurí que del Potomac. Ese enrevesado sistema electoral puso al mundo a elucubrar sobre quien iba a ganar. El procedimiento se discutió por los padres fundadores. Madison, Wilson y Hamilton querían fortalecer la independencia del ejecutivo confiando el nombramiento del mismo a la elección popular. Por lo menos en este caso, ellos, considerados nacionalistas y tachados de ser aristócratas, querían darse un cariz democrático. Discutieron mucho y al final James Wilson lanzó la idea de que en cada estado los ciudadanos nombraran electores presidenciales en cantidad igual a la de sus senadores y representantes. Otros propusieron que los legisladores hicieran la elección. Finalmente, la convención votó porque le legislatura eligiera el método en cada estado. No pasó mucho tiempo antes de que los estados escogieran a sus electores por voto popular y estos actuaran como agentes de la voluntad de sus partidarios con votos que obedecían a lo que ellos habían prometido antes de la elección, mecanismo que es el que hoy opera con todo el cúmulo de dificultades que se presentaron recientemente.

Mediante ese confuso procedimiento los Estados Unidos eligieron a Joe Biden y Kamala Harris. Tan de buenas los gringos:  allá tienen una vicepresidenta Kamala mientras que la de nosotros ¡Qué mala!

POSDATA. Triste fin el de Semana. La vieja revista quedó en la banca. (Tomado de El Espectador)

*Abogado*Historiador*Periodista 

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