La intolerancia política: una constante histórica

Esta semana que termina se cumplieron treinta y cinco años del asesinato de Ricardo Lara Parada. A finales de 1985 le quitaron la vida en Barrancabermeja un grupo del ELN; tremendo error político y gran crimen de esa organización que nunca podrá justificar y que es mejor que no lo intente, sino que lo reconozca. Se perdió un dirigente político muy importante para la región del Magdalena Medio y para el país.

Este joven barranqueño de origen liberal, que una vez terminó su bachillerato deseó entrar a la Universidad Industrial de Santander (UIS) para convertirse en ingeniero, pero previamente debió trabajar como profesor de secundaria en su ciudad natal –como lo cuenta en sus relatos- y luego como profesor en el municipio santandereano de Charalá, después de haber logrado ingresar a la UIS en 1960 a estudiar ingeniería química, pero donde perdió su cupo por dedicarse a la actividad política estudiantil. Luego de participar en la fundación del ELN y de ser parte de esta organización guerrillera como segundo responsable, a finales de 1973 es capturado por el Ejército en una apartada región del Departamento de Antioquia, luego de abandonar el ELN por múltiples diferencias que se fueron acumulando a lo largo del tiempo y va a prisión por varios años. Allí va a tener la oportunidad de reflexionar acerca de su pasado y su futuro y también de su perspectiva política.

En el contexto de la ‘apertura democrática’ propiciada por el gobierno del Presidente Belisario Betancur, que sin duda él valoraba mucho y cuando el país vivía un entusiasmo por la posibilidad de la salida política negociada a la confrontación armada, crea en Barrancabermeja, en unión de otros dirigentes locales de izquierda y cívicos el Frente Amplio del Magdalena Medio (FAM), para participar en la actividad política legal, no sólo la electoral. En su última entrevista al periódico de San Vicente de Chucurí, El Yariguí Chucureño definía al FAM como “una organización democrática, popular y pluralista. Se diferencia de los partidos tradicionales y lucha por el desenmascaramiento de las inmoralidades administrativas y por las necesidades de la comunidad. Luchamos por la reivindicación de las gentes de la región buscando un proyecto político con apoyo de las mayorías. Pues creemos que con las masas organizadas alrededor de un programa político y socio-económico, el cambio es posible.”

En ese contexto participa en las elecciones para Concejo Municipal en 1984 y es elegido, junto con otra compañera del FAM, como concejal de su ciudad, con lo cual se vislumbraba una posibilidad política muy importante para el antiguo dirigente guerrillero.

Esta historia es importante recordarla, no sólo para no olvidar a este joven dirigente que fue asesinado por la intolerancia de sus excompañeros, sino para recordar lo que ha estado sucediendo con los excombatientes de las antiguas FARC, asesinados, hasta ahora, en un total de 238 personas, con tiros que vienen de distintos lados, de la derecha y seguramente también de la izquierda. Para protestar contra esto y como un llamada de sensibilización a los colombianos realizaron una ‘Peregrinación por la paz y la defensa de la vida”, el movimiento de los firmantes del Acuerdo de Paz y que lo están cumpliendo.

Ojalá el ELN tuviera la decisión de salir de ese pantano de violencias en que está inmerso y contribuir así a un clima de tolerancia política; si decidiera decretar un cese de sus hechos de violencia y terminar con la práctica del secuestro, muy seguramente el actual gobierno estaría dispuesto a abrir una mesa de conversaciones que llevara a su tránsito definitivo a hacer política sin violencia.

*Profesor universitario 

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