Maradona quedó en deuda como director técnico     

113

Tanta fue su pasión por el mundo del fútbol y su confianza a toda prueba que se lanzó a ser director de orquesta también fuera de la cancha. La experiencia tuvo un sabor agridulce. 

Diego Maradona, quien falleció de un paro cardíaco a los 60 años, descubrió con amargura, después de colgar los botines, que ser un futbolista genial no significó convertirse automáticamente en un director técnico exitoso.

Tanta fue su pasión por el mundo del fútbol y su confianza a toda prueba que se lanzó a ser director de orquesta también fuera de la cancha. La experiencia tuvo un sabor agridulce.

LA LLEGADA DEL ‘MESÍAS’ 

En una de sus últimas etapas, como entrenador de Gimnasia y Esgrima La Plata aceptó el desafío casi milagroso de salvarlo del descenso a segunda división. Volvió a pisar las canchas argentinas tras un irregular periplo internacional.

El equipo, de bajísimo nivel, sintió el impacto. Remontó posiciones pero seguía en la cuerda floja hasta que la pandemia del coronavirus acabó con el torneo y la Liga eliminó por decreto los descensos.

EL ‘MARIACHI’ DE LAS PAMPAS 

El excapitán albiceleste venía de conducir a Dorados de Sinaloa, de la segunda división de México. Estuvo a un paso de lograrlo pero la suerte le fue esquiva, con una cosecha no tan mala de 18 triunfos, 10 empates y 7 derrotas.

Su trayectoria en el banco había comenzado en 1994, enseguida de su retiro, con el modestísimo Mandiyú de la provincia de Corrientes, la nordestina tierra de la yerba mate, por aquel entonces en primera división.

En el club correntino tuvo un registro de 6 empates, 5 derrotas y una sola victoria. Se marchó desilusionado.

Apareció luego el contrato para dirigir a un grande de Argentina, Racing Club. Fue otra experiencia de corto vuelo: 3 derrotas, 6 empates y dos triunfos.

SU AMOR ALBICELESTE 

Crisis de salud y una vida íntima turbulenta volvieron a alejarlo de los estadios. Pero su perseverancia era a prueba de balas.

Lo que tanto había soñado, dirigir a su Selección, se hizo realidad cuando se alejó Alfio Basile, en 2008.

Argentina logró con angustia y el último aliento la clasificación al Mundial de Sudáfrica-2010. La esperanza igual estaba intacta con Lionel Messi en la escuadra.

Fue Maradona quien logró que el rosarino se ensamblara con el equipo. Y por primera vez le hizo lucir el brazalete de capitán. Le transmitió su autoridad histórica.

La campaña mundialista tropezó con el poder de Alemania y un mal planteo táctico. Un doloroso 4-0 los despidió en cuartos de final.

Renació en una impensada experiencia asiática. En la temporada 2011-2012 dirigió al Al Wasl. Dejó el puesto con un balance de 11 victorias, tres empates y 9 derrotas.

No se fue, se radicó en Emiratos Árabes. Primero como embajador deportivo y luego como DT de Al Fujairah, de la segunda división.

Tuvo una buena campaña como entrenador. Ganó 7 de 11 partidos. Estuvo a punto de ganar el ascenso directo.

El banquillo de Gimnasia y Esgrima queda en la leyenda que inicia con la muerte del ídolo como el banquillo del adiós.

/AFP

También podría gustarte