Pensar y dialogar sobre lo importante

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Hay desencanto en la ciudadanía, se palpa y se nota, casi que puede cortarse en el aire, está fuertemente instalado entre nosotros, lo que para nada resulta útil al hacer referencia y simplificar el análisis. Encapsuladas parecieran muchas visiones en una sola, lo que lleva sin remedio a definiciones generalizadas que no reflejan la realidad que vivimos, al no estar integradas a las discusiones que interesan de cara al bienestar e integral desarrollo de nuestros territorios y pobladores, en lo que pesar debe el interés e investigación por los temas políticos que permitan hacer conciencia de su importancia para el destino de todos como sociedad.

Importa pensar en grande, en cambios y transformaciones positivos, especialmente hoy cuando más los necesitamos. Permitirnos interpretar nuestra propia realidad. Ir tras la esperanza de triunfales resultados. Participar activamente en política. Escuchar referentes que nos incentiven a pensar por nosotros mismos. Ser abiertos a intercambiar y discutir diferentes argumentos, versiones y visiones con claridad, pero siempre sobre la base de lo que hermana y comunica en contexto de fraternidad, libertad y comunidad. Propugnar por evoluciones y mejoras en todas las áreas, salir adelante, avanzar, crecer, comprometernos con el mejoramiento permanente y continuo para que cada vez sean menos los problemas a resolver. Profundizar en las trasformaciones. Velar por que ciertas sean austeridad, honestidad y compromiso con los territorios.

 Es estar en el escenario desde el cual reconocer y generar las discusiones necesarias para corregir y nunca justificar desvíos, errores, problemas, ni buscar responsabilidades externas. Es ir al debate que implica asumir los problemas sin evadir la responsabilidad de enfrentarlos, sino tomando desde nuestro hacer y quehacer las decisiones y acciones concretas que permitidas tengamos, sin someternos a enjuiciamientos por atrevernos a discutir los temas de beneficio colectivo. Es triste que incomprensión, intolerancia y pensamiento único crezcan cada vez más. Que disminuida esté la posibilidad de discutir, de generar acciones en los temas estratégicos para nuestras unidades territoriales y de resolver los problemas graves que existe. Es participar. Decir lo que pensamos. Generar discusiones provechosas. No postergar más lo importante y en cambio sí, plantearlo de forma clara y fraterna sin falsear la realidad, de la que muchos cada vez están más lejos por no interpretarla ni conocerla.

No puede ser posible que luego de demostrar su universal fracaso gane terreno el infantilismo de izquierda y trate de imponer una agenda que les reditúa dividendos dado como exponen y promocionan con comodidad irrealidades que memorizan y repiten para ganar aplausos y penetrar sus intrascendencias que estultos e incautos acogen porque sí. No se percatan que son los problemas más importantes los que necesitan discusión y acción urgente. Salud, educación, economía, vivienda, violencia y demás otros que afectan principalmente a pobres y marginados deben ser prioridad. Debatir igualmente, seria y contundentemente la carga de prejuicios hacia todo lo militar, que descalifican con adjetivos y simplificaciones al ignorar cuanto importan para la soberanía.

Solo la decisión de crecer en libertad, pensar sin dogmas un prejuicios y con ideas propias es lo importante para saber hacia dónde queremos ir, asegurarnos del porvenir con independencia de carácter y de criterio, abordar con compromiso real todo aquello que todavía tenemos que hacer por unos territorios en los que se pueda confiar, estables, que no pierdan la perspectiva de los intereses superiores de la colectividad, ser presente y futuro, ir unido hacia adelante, sin roturas ni fragmentaciones; que como familias en lo coterráneo no tengamos la política como un motivo de división sino de unidad, que la gente que trabaja no se incomode como consecuencia de la política, sino que la política sea un motivo de cohesión y de ilusión para seguir adelante. [email protected]

 

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