Más leña para esa hoguera

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Vienen las elecciones el próximo domingo para elegir una nueva Asamblea Legislativa en Venezuela, en medio de un marco desolador, lleno de angustia, miseria, represión y torpeza.

Casi seis millones de venezolanos exiliados en otros países, que han tenido que huir en lamentables condiciones como consecuencia del desastre; un aparato productivo totalmente paralizado, más de 7000 asesinatos políticos documentados ya por Naciones Unidas, y el 96% de la población clasificada dentro del nivel de pobreza.

Junto a esto un marco electoral lleno de entramados para que la oposición quede totalmente aislada y con el gran empeño de las esferas gubernamentales para que esa asamblea quede con inmensas mayorías gobiernistas, que encabezará nada menos que el hijo del dictador, a quien llaman Nicolasito. Es decir, el poder absoluto, aquel mismo del que dicen que corrompe absolutamente.

Todo respecto a Venezuela, ha sido equivocaciones, y la misma comunidad internacional nada ha hacho por enderezar la situación lo que ha significado que el problema se agrave todos los días, mientras los protagonistas del desastre se mueren de la risa. Ni siquiera el presidente Trump, que desde que llegó al poder anunció y prometió que vendría la solución para Venezuela, nada pudo, porque todo lo que intentó no tuvo pies ni cabeza, y lo que se ha visto es que el régimen nefasto está cada vez más atornillado.

Lo que tiene que venir es un proceso serio y coordinado en donde sea posible persuadir al dictador para que permita un camino de restablecimiento de la democracia, sin dejarse opacar por las argucias y malabares que acostumbra el señor Maduro y su séquito. Es realmente una acción humanitaria de la mayor urgencia, pues entre más tarde comience la reconstrucción del país, más muertos y desarraigados habrá que agregarle a ese escenario lleno de iniquidad y de vergüenza.

Resulta absolutamente lamentable e imperdonable que un país privilegiado por la riqueza de sus activos naturales, esté sumido hoy en la absoluta miseria, en donde la desesperanza es la característica general.

Y lo lamentable es que habiendo sido un conflicto que ha conmovido a toda la comunidad internacional y que ha tenido pendientes a todos los países del planeta, no haya sido posible construir una luz de esperanza que hubiera servido de salida digna a semejante situación.

Al comprobarse hoy que el panorama es cada día peor, el resultado no es otro que el fracaso de todos, mientras a los venezolanos los sigue consumiendo el oprobio, el terror y la miseria.

*Abogado y miembro de la Academia Colombiana de Historia y de la Real Academia Española de la Historia. 

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