Lecciones del thatcherismo

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Podrá parecer un poco extraño y extemporáneo reflexionar hoy sobre algunas lecciones del pensamiento de Margaret Thatcher más de cuatro décadas después de que se convirtiera en primera ministra de Gran Bretaña, pero su legado económico -tan venerado como repudiado- y su pensamiento político -tan cuestionado como respetado- todavía son referentes en estos tiempos.

Más allá de la necesidad de replantearlos, el ideario de “la dama de hierro” contiene elementos que hoy podemos rescatar, como la disciplina y el convencimiento de que no hay que regalar el pescado sino enseñar a pescar. Disciplina, trabajo y compromiso, hacer lo correcto y lo necesario, sin medir las dificultades: “es el camino hacia el orgullo, la autoestima y la satisfacción personal”.

Para Thatcher, si las personas trataran más de hacer algo por el bien común, de impactar al beneficio de todos, de aportar más que querer sobresalir, las sociedades serían más prósperas: “buscar soluciones y no quedarse en el cómo me siento”.

 “Observa tus pensamientos para que se conviertan en acciones, observa tus acciones para que se conviertan en hábitos, observa tus hábitos para que se conviertan en tu carácter, observa tu carácter para que se convierta en tu destino”, es una de sus frases más recordadas.

Cuando llegó al poder, en 1979, encontró un país estancado, con una creciente insatisfacción social, conflictos industriales, alto desempleo y fuerte presión sindicalista. Con determinación se enfrentó a esa situación, venció el pulso y le devolvió al Reino Unido su liderazgo y prosperidad. Ningún movimiento político importante en el Reino Unido ha intentado seriamente revertir las reformas en la economía del gobierno de Margaret Thatcher.

Durante su primer mandato redujo los impuestos directos y aumentó los que incidían sobre el gasto, vendió viviendas públicas, privatizó empresas, implementó medidas de austeridad e hizo otras reformas que en algunos momentos le costaron popularidad, sin que ello le impidiera mantenerse once años en el poder.

Y no estoy pretendiendo insinuar que se deban aplicar al pie de la letra las políticas del thatcherismo, aunque sí sería conveniente desempolvar algunas lecciones a propósito de la situación que afrontan hoy países como el nuestro.

Al margen de las políticas, lo que hace evocarla se puede resumir en las palabras de su primer discurso, cuando mencionó “el derecho de un hombre a trabajar como quiera, a gastar lo que gana, a poseer una propiedad, a tener al estado como herramienta y no como amo”.

Sin pretender una analogía de rigor, hoy vivimos tiempos de incertidumbre, insatisfacción, desempleo y presión social (atizada por los movimientos sindicales), ello sumado a una creciente intención paternalista del Estado, con gobiernos proclives a los subsidios, entendibles en tiempos de pandemia, pero nocivos para el desarrollo del país si se mantienen.

Lo que necesitamos es crear oportunidades, un trabajo público-privado coordinado y con acciones claras, impulsar la industria, fomentar la empresa, reducir la pobreza, avanzar con disciplina, sin descanso y con sentido social.

En general, posiblemente, el mayor legado del thatcherismo es su certeza de que los países necesitan Estados menos paternalistas y más eficientes en la solución de los problemas que aquejan a su población y limitan el desarrollo económico de la Nación.

*ExMinistra de Estado 

 

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