Gobernador Caicedo esparció al mar, las cenizas de su padre

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Un ritual Wayuu con la asistencia de un Palabrero se realizó antes de que las cenizas del papá del gobernador Carlos Caicedo fueran esparcidas al mar, en el Departamento de La Guajira.

Con un ritual Wayuu, la siembra de un árbol y el esparcimiento de la cenizas sobre el mar, el gobernador del Magdalena Carlos Eduardo Caicedo Omar, y demás miembros de la familia Caicedo Omar, dieron el sentido adiós a don Carlos Eduardo Caicedo, fallecido la semana pasada en una clínica de Barranquilla.

“Ayer junto a mis hermanos Patricia, Ricardo, Luis Eduardo y Ana María cumplimos con el doloroso ritual de entregar las cenizas de mi padre, el mayor soñador que conocí, Carlos Eduardo Caicedo, en la guajira su tierra natal.  Nos acompañaron  sus nietos, hermanos, familiares y amigos en el Horno, a las afueras de Riohacha, donde mi padre soñó con organizar un proyecto de ecoturismo educativo, en un lote vecino a una ranchería, por el cual trabajó sin poder concluirlo”, trinó el mandatario seccional en su cuenta de Twitter.

 “Expresó que allí  entregaron parte de sus cenizas a las aguas del Mar Caribe guajiro, plantamos tres árboles de guayacán abonados con parte de sus cenizas.  El resto de él lo entregamos al líder indígena de la comunidad Wayuu, sus vecinos y amigos quienes le darán sepultura según su tradición como un Wayuu más porque lo quisieron tanto como uno de su propia sangre”, sostuvo.

Finalmente se despidió: “Adiós papá, gracias por compartirnos tu visión de una sociedad donde los pobres sean redimidos con dignidad, con justicia, con equidad, donde sea el pueblo quien gobierne y ponga el Estado al servicio de los derechos colectivos. Hasta la victoria por la que luchaste, y en la que creíste”. Trinó Caicedo Omar.

El pasado martes 1 de diciembre, en su cuenta de Facebook, el gobernador Carlos Caicedo Omar, colgó el siguiente escrito sobre la vida de su papá.

 “En este nuevo golpe que nos da la vida, perdí a mi padre, de quien no solo recibí su nombre. Él alimentó desde la adolescencia nuestra capacidad de soñar, porque él fue el soñador más grande que conocí”, dijo.

Acotó que “nos inculcó el valor de la educación, porque fue un educador que trabajó para que esta sirviera a la libertad individual y colectiva. Nos transmitió el orgullo de ser Caribe y el amor por el vallenato, porque él fue un orgulloso guajiro y así lo cantaba junto a su inseparable guitarra”.

Nos enseñó el valor de la naturaleza y la vida, porque fue un amante del campo, para el cual se formó y trabajó siempre. Nos forjó un sentido crítico del mundo y el compromiso con la lucha por la conquista de una sociedad más justa.

“Mi padre fue un revolucionario consecuente y de principios, un humanista integral, que como consejero y militante trabajó estos años a mi lado para hacer realidad el Cambio estructural. Hasta siempre, nuestro soñador irredimible, nuestro soñador incansable. Hasta la victoria que creíste posible”, precisó.

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