Sin solidaridad

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Sabemos que la respuesta a la amenaza mortal del Covid-19 fue totalmente insolidaria. Un problema global fue tramitado como asunto nacional. Así lo reconoció públicamente el presidente Macron y lo experimentó Italia.

Entonces se hicieron diversos planteamientos para que no fuera igual cuando la vacuna estuviera disponible. Se anunciaron las más generosas propuestas. ¿Qué está ocurriendo? Que así como el virus desnudó la desigualdad en cada país, ahora ha mostrado -y de qué manera- la desigualdad entre las naciones.

Veamos: las vacunas disponibles han sido acaparadas por los países ricos. El resumen diario de la revista Foreign Policy trae los siguientes datos escandalosos, tomados del New York Times: la Unión Europea puede vacunar dos veces a sus residentes, Gran Bretaña y Estados Unidos cuatro veces y Canadá seis veces. Un ejemplo de mezquindad, a nivel global. Los países menos ricos están apelando a la Organización Mundial del Comercio para obtener un acceso equitativo a la vacuna.

Sabemos de las fallas de la Organización Mundial de la Salud y de otras, por lo cual no es mucho lo que se puede esperar. La ineficacia del multilateralismo.

¿Y qué piden los países no privilegiados? Pues medidas como las siguientes: que se elimine la propiedad intelectual que protege los inversionistas que lograron producir la vacuna. Que se otorgue licencia para que pueda producirse. Se argumenta que los mecanismos jurídicos que protegen las invenciones no se diseñaron para el caso de una pandemia letal. Y, alegan además, que esta no sería la única pandemia. La propuesta la lideran Sudáfrica e India. No se reconoce su urgencia y justicia. ¡Se argumenta que esto desestimularía la invención!

Se busca que diferentes países puedan producirla. Sería una licencia específica y temporal. Esta solicitud se presentó el 16 de octubre y volvió a discutirse el 20 de noviembre. La revista médica The Lancet, 5 de diciembre, es muy pesimista respecto a la respuesta de los países ricos. Aquí está presente un problema ético en el nivel global en materia grave, de vida o muerte.

Lo apropiado hubiera sido que todos hubiéramos acordado que las primeras dosis estuvieran destinadas al personal sanitario en todo el mundo. Son los que están salvando vidas, mitigando el dolor y exponiendo sus vidas y las de sus familiares. Si eso no cuenta, uno se pregunta, ¿en qué mundo estamos viviendo?

Otros hablan de que se transfiera la tecnología para su producción en diferentes países. Y dicen lo mismo para otros elementos, ventiladores, máscaras y ropa protectora para el personal sanitario.

Escuché en televisión al Presidente de España decir que la Unión Europea está considerando regalar algunas vacunas que le sobran. Ojalá y pronto comiencen por el personal sanitario.

El mecanismo de Covax que ilusionó a los países pobres e intermedios parece que ya no fracasó. Los países ricos han reservado 6 billones de dosis (datos tomados de The Lancet, 5 de diciembre/2020). Covax dice que necesita US$4,9 billones para añadir a los US$2,1 billones que ya ha conseguido para entregar 2 billones de dosis de vacunas a finales de 2021.

El tema del multilateralismo en el sector salud estará en lugar prioritario en la agenda global porque si algo ha fallado es la solidaridad y así el multilateralismo.

Por fortuna el Gobierno navegó con éxito en este complejo sistema.

*ExMinistro de Estado 

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