Institucionalidad y desarrollo regional (I) 

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Es verdad académica, luego de múltiples debates al respecto, que el crecimiento económico “per se”, no reduce las desigualdades, más no obstante, es igualmente cierto que sin crecimiento económico es muy seguro en alto porcentaje, que las desigualdades pueden agudizarse y de hecho se agudizan en materia grave, en la medida en que los más ricos tienen mayor capacidad de adaptación y respuesta a situaciones de crisis, en oposición a aquellos que tienen menos riqueza, los cuales con un pequeño desajuste económico, pueden pasar y de hecho pasan evidentemente, de la clase media a la pobreza con superlativa facilidad.

En una economía de mercado, definida como la organización, asignación de la producción y el consumo de bienes y servicios que surge del juego entre la oferta y la demanda, que tiene como importante característica que las decisiones sobre la inversión y la asignación de los bienes de producción se realizan a través de los individuos que operan en los mercados, cabe preguntarse cómo hacer para que este modelo contribuya al desarrollo de un país de forma equitativa y sostenible, debiéndose entender por equidad, la igualdad de oportunidades para acceder a bienes y servicios básicos de calidad, que le permita a los ciudadanos satisfacer necesidades básicas y competir en las mismas condiciones. La respuesta pasa por tener como objetivo central del modelo el mejoramiento de la calidad de vida del ciudadano y una buena definición del papel de cada uno de los diferentes actores públicos y privados.

Necesitamos un Estado más eficiente que haga una buena gestión del territorio y de los recursos públicos bajo un enfoque de redistribución del ingreso, en lo que esenciales son los servicios de salud, educación, saneamiento básico e infraestructura de comunicaciones. Mientras que, por el lado privado, también existe una labor muy trascendente hoy en día, y esa es la capacidad de tan importante sector para generar valor compartido y apoyar al Estado en la gestión del territorio. El sector privado no sustituye al Estado, pero si puede convertirse en un importante gestor del desarrollo, poniendo a disposición de esa causa sus recursos humanos y financieros para impulsar las pocas capacidades del sector público, particularmente en territorios apartados.

En tal derrotero, el mayor aporte del modelo social de mercado no estará, exclusivamente, en la asignación eficiente de recursos, sino en la capacidad de la sociedad para potenciar las alianzas público-privadas en busca de la mejora de calidad de vida de todos los pobladores, generando crecimiento económico con valor compartido y sumando esfuerzos para la reducción de inequidades y desigualdades; más cuando inevitable es una fuerte contracción de ingresos por recaudación y, desde luego, menos recursos para inversión pública. El problema seguirá siendo cómo distribuir y ejecutar mejor los escasos recursos; y, cómo mejorar en eficiencia con gastos de inversión que generen mucho mayor impacto. Es de lo que se trata. [email protected] *Jurista

 

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