Nueva narrativa para el turismo

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Desde que los colombianos comenzamos a percibir que era posible cambiar la percepción de Colombia, después de décadas de violencia y narcotráfico, avanzamos con bastante éxito, con una narrativa que fue calando poco a poco y nos ayudó a posicionar el destino.

Hoy, esta narrativa debe cambiar y adaptarse a la nueva realidad, apoyados en las políticas públicas y la coordinación nacional y regional: un turismo más allá del negocio, con nuevo significado, que procure el bienestar integral, dé valor agregado y promueva el amor por lo nuestro.

Una narrativa para construir un nuevo significado del turismo, que supere al negocio en sí mismo, establezca un puente entre culturas, sea facilitador de relaciones humanas y de enriquecimiento intelectual, una plataforma para abrir las mentes, combatir los egocentrismos locales y contribuir a la construcción de una ciudadanía global desde el reconocimiento y aprecio a la diversidad.

Una narrativa que ofrezca bienestar integral, responda a la urgencia de mitigar los efectos del cambio climático y vaya de la mano de las nuevas tecnologías, con mayor sofisticación de los productos y una formación más adecuada para los operadores turísticos, los guías e incluso para los prestadores de servicio más básicos.

La urgencia de un turismo sostenible ha incorporado nuevos valores fundamentales, como el disfrute integral, la tranquilidad y el bienestar espiritual, un espacio para ayudarnos a entender las diferencias y apreciar la cultura local, que nos ayude a ser mejores personas, sin estereotipos retrógrados, pasar de la depredación insaciable al turismo regenerador del medio ambiente.

La nueva narrativa debe cimentarse en los principios de la economía circular, alineado con el valor agregado, abierto a las nuevas posibilidades tecnológicas -sin desconocer que la interacción y la cercanía con las personas siempre serán determinantes-, así como un turismo respetuoso de las creencias, los valores, la idiosincrasia, donde prime lo auténtico y la búsqueda de experiencias, con calidad y sin afanes.

Un turismo que tenga el propósito de sumergir al visitante en vivencias cercanas y experiencias personalizadas, con una motivación esencial por aprender, descubrir y divertirse. Y, sobre todo, un turismo que genere amor por lo nuestro.

La pandemia ha enfatizado la necesidad de desarrollar y promover un turismo nacional, regional y local inclusivo, que tome en serio el bienestar de las comunidades, garantizando una cooperación fluida y experiencias gratificantes para todas las partes interesadas e involucradas.

Para eso hay que destacar iniciativas como el “Pacto por el Turismo del Atlántico” que anunciaron la semana pasada la gobernadora del Atlántico, Elsa Noguera; y el presidente Iván Duque en la zona de Puerto Velero con la finalidad de potencializar un corredor estratégico para el turismo, la conectividad y la productividad sostenible, para integrar la política, los planes y los programas en un propósito común y en torno a los atractivos de naturaleza, playa, cultura y gastronomía.

Es muy posible que 2021 sea una extensión de 2020, por lo menos el primer semestre, por lo que es indispensable cambiar de narrativa y salvar un sector indispensable para el país, una narrativa que le permita superar esta coyuntura tan adversa, con un nuevo pensamiento y una proyección distinta que nos haga diferentes.

*ExMinistra de Estado 

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