Pesebres, nacimientos o belenes

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Llegó la Navidad como una vacuna de esperanza. El mundo está lleno de luces, árboles de Navidad, Santa Claus, con abundantes barbas blancas y sus tradicional vestimenta roja, y de pesebres, nacimientos o belenes, esas bellas representaciones de las escenas del nacimiento del Niño Dios. Quizá la más bella tradición navideña.  Negocios, iglesias y hogares se engalanan con pequeños o grandes pesebres.

Hay mercadillos por todas partes que incluyen hermosas artesanías relacionadas con la época, inclusive especialidades culinarias para servir en estos días: turrones, en España; buñuelos y natilla, en Colombia; panes y tortas europeas, decoradas con azúcar en polvo que parece nieve y Egg Nog, cremoso licor con brandy, huevos, crema y nuez moscada, típico de Norte América. Cientos de delicias navideñas, pues no hay país o pueblo que las tenga.

En los Bazares colombianos se consiguen bellas figuras para el pesebre hechas de materiales tan diversos e interesantes como: cáscaras de naranja o coco, mimbre, diferentes pajas, miga de pan, tagua, barniz pastuso, cacho y cuero de toro.

Pero sí de pesebres se trata, habrá que mencionar la calle San Gregorio Armeno, en Nápoles. Allí se encuentran las más fabulosas tiendas de pesebres, dirigidas por artesanos, verdaderos artistas dedicados a producir las más extraordinarias figuras para decorar los pesebres, una tradición centenaria heredada por generaciones. Quien conozca Nápoles, con seguridad la ha recorrido, para admirar las creaciones que allí se encuentran y, quizá, comprar al menos una figura para el pesebre de su casa.

Visitar esta calle es una tradición navideña para los napolitanos, italianos y europeos y para quien tenga la fortuna de andar por esos lares en este tiempo. Este año, como detalle simpático, han sacado una figura de Maradona, vestido de pastor. Aquí, siempre hay algo nuevo.

En un pesebre hay de todo; desde las figuras indispensables de María, José y el Niño, el burro y el buey, pastores y ovejas, reyes magos y, naturalmente, ángeles, además de todo lo que la imaginación quiera incluir. Eso es lo divertido, lo hermoso, lo que hace de esta tradición algo tan especial.

Se crean poblados con bohíos con techo de paja o castillos, trenes o piraguas cargadas de frutas y flores, campesinos cuidando cafetales o panaderos cuidando sus hornos, desiertos con camellos o lagos con esquiadores.

Un pesebre es un mundo en miniatura. Sus figuras pasan de generación en generación o son creaciones nuevas. Aquí, se une lo sagrado con lo profano, sin ofender a nadie. Habrá en ellos mucho de lo típico, lo nacional. Incluso, se ha puesto de moda incluir personajes políticos, deportistas o artistas que, de una u otra manera, rinden culto al Niño.

Son inigualables la alegría y celebraciones causadas con la continuación de esta bella tradición.  En la “novena”, celebrada en Colombia, las “posadas” en México y así en cada país, alrededor del pesebre se oirán las voces de niños y adultos dando la bienvenida a Jesús recién nacido con villancicos, pitos, tamboriles y guitarras.

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