Impulsando a los emprendedores de a pie

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El incremento de cuatro millones en los ocupados al cierre de octubre, junto con buenas noticias en construcción y agricultura, y la recuperación de la confianza empresarial y de consumidores, nos embargan de optimismo porque son señal inequívoca de que el barco de la reactivación zarpó. No obstante, lo asumimos con moderación, porque seguimos expuestos al rebrote del covid-19, así como a solventar grandes retos a nivel económico como la informalidad.

Hoy más que nunca debemos implementar medidas audaces e innovadoras para superar la crisis y reconfigurar el aparato productivo para generar equidad e inclusión en favor de mujeres, jóvenes e informales. En esta búsqueda, requerimos del concurso de los gobiernos nacional y locales, el sector privado y la sociedad civil.

Uno de los grupos más afectados por la emergencia sanitaria es la población ocupada en condición de informalidad que podríamos identificar como “emprendedores de a pie”. La pandemia tuvo efectos más pronunciados sobre ellos, porque el aislamiento preventivo obligatorio paralizó su vida productiva, adicionalmente, su acceso a servicios de salud y elementos de bioseguridad es bastante limitado. A 2019, 61% de los ocupados a nivel nacional, es decir, más de 13 millones de colombianos, hacían parte de este segmento. De ellos, 8,6 millones de personas trabajaban en más de 5,8 millones de micronegocios.

Conscientes de esta realidad, en la agenda del “Compromiso por el futuro de Colombia” liderada por el presidente Duque, avanzamos en una estrategia para la reactivación económica de los emprendedores de a pie. Trabajamos con los ministerios de Comercio y Trabajo, Dane, DPS, Dapre, la Corporación Minuto de Dios y Confecámaras, entre otras entidades gubernamentales y expertos nacionales, en soluciones viables, altamente transformadoras para esta población.

Como resultado articulamos programas y apoyos otorgados por entidades nacionales a aquellos ofrecidos por gobiernos municipales, dando origen a un ecosistema de servicios para el acceso de esta población y los micronegocios que los emplean, a oportunidades de desarrollo humano, mercadeo y comercialización, innovación, financiación y asociatividad.

Con ello, queremos poner en marcha un laboratorio social para la inclusión productiva, que ofrezca dos rutas: una para empleabilidad y otra para emprendimiento con prioridad en la sostenibilidad, crecimiento y expansión de micronegocios, con y sin establecimiento, habilitando así su tránsito hacia la formalidad. Vale resaltar dos estrategias que desarrollamos con Confecámaras y Minuto de Dios: la anotación simplificada y el programa de mentorías para micronegocios. Con ellas, obtendremos información valiosa para la focalización y ajuste de la oferta.

Por la envergadura de este enfoque, priorizamos la puesta en marcha de proyectos piloto en 10 ciudades capitales, lo que nos permite visibilizar sus beneficios y aprendizajes, con miras a la implementación a nivel nacional.

Comenzaremos con Cúcuta, Barranquilla, Popayán, Bucaramanga, Pereira, Villavicencio, Ibagué, Neiva, Montería, y Cartagena, para promover el tránsito gradual de la informalidad a la formalidad.

Según el Dane, existen cerca de 925.000 micronegocios en estas ciudades que podrían ser cubiertos bajo esta estrategia, de los cuales 14% son ambulantes y 34% se ubican en vivienda. Esta propuesta en conjunto lograría una reactivación incluyente para el beneficio de futuras generaciones, con un crecimiento económico más elevado, a la par de una mejora sustancial en el empleo, con impactos positivos en equidad y la reducción de la pobreza en todas sus dimensiones. ¡Queremos más y mejores oportunidades para poblaciones vulnerables: informales y mujeres!

*Vicepresidenta de la República 

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