Desconfianza, el mal nacional

Normalmente la gente envía por Whatsapp toda clase de videos y textos pendejos, y hasta imágenes idiotas deseando feliz lunes, feliz viernes… Pero uno que otro amigo siempre manda algo interesante o divertido.

Fue así como el viernes vi un Whatsapp de Julio Mendoza y, a diferencia de lo que normalmente hago con otros -que los mando a la basura de inmediato-, lo abrí y me encontré con un interesante fragmento de una entrevista que Semana en Vivo le hizo a Julián De Zubiría Samper, director del instituto Alberto Merani y consultor de educación.

Dice en ella De Zubiría que según una encuesta que incluye a 70 países, Colombia es de las naciones donde menos se confía en el otro: por ejemplo, mientras los chinos dicen que, de las personas que conocen, confían en el 65%; y los finlandeses y los noruegos manifiestan que confían en el 70% o 75%, los colombianos afirman que confían tan sólo en el 5% de sus conocidos. De Zubiría liga ese dato con otro, por demás impresionante: que la mitad de las personas asesinadas en Colombia, conocen a sus asesinos, y que muchos de ellos son asesinados el día de la madre, que es el más violento del año, o cuando están tomando trago, o en medio de un partido de fútbol. Por lo anterior, el director del Instituto Merani concluye que la sociedad colombiana tiene un nivel enfermizo de intolerancia y padece una preocupante sed de venganza. Y relaciona esa desconfianza, esa intolerancia y esa sed de venganza, con el bajísimo nivel de la educación: De Zubiría sostiene que, en los últimos 20 años, ni la calidad, ni la inversión en educación, han aumentado un solo punto. Y agrega que según las pruebas Pisa, sólo el 1% de los jóvenes que llevan 10 años o más de estudio, son capaces de leer de manera crítica. Eso hace que el país no se mueva por ideas sino por emociones, y permite que los políticos manipulen a la gente metiéndole en la cabeza ideas tan absurdas como la de que estamos en peligro de que el castrochavismo llegue a Colombia.

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El experto en el tema educativo concluye, entonces, que lo que está detrás de todos esos problemas, es la baja calidad de la educación, y agrega: “Mientras el país no se decida a invertir en educación y en ciencia, no tenemos futuro como sociedad, y no vamos a construir la paz, y no vamos a salir adelante. Los países que salen adelante son los que invierten en ciencia y en educación, como Finlandia, Noruega, los Tigres Asiáticos, o Chile… Ese es el gran tema de este país”.

Afortunadamente, el candidato presidencial más opcionado, según las encuestas, Sergio Fajardo, tiene claro el tema, y ha planteado que sus prioridades serán la educación y la ciencia, lo cual se traduce en una inversión mucho mayor en esos campos.

Sin embargo, no creo que nuestra desconfianza enfermiza se deba sólo a la baja calidad de la educación. Ella obedece más a que la mayoría de los colombianos no consideran que ellos mismos sean confiables. Y si así lo creen, proyectan su carencia en los demás. “El ladrón juzga por su condición”, dice un dicho sabio. De manera que la mejoría en la calidad de la educación, tendría que ir acompañada de un aumento astronómico de la inversión en salud mental, porque la guerra y la distorsión de valores que trae el narcotráfico, han malogrado el alma de demasiados compatriotas.

Si eso no se hace, tampoco saldremos adelante, ni construiremos la paz.

 

¡Feliz Navidad, queridos lectores!