La horrible pesadilla

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El 2020 nos ha dejado a todos contra el piso. Esta horrible pandemia que hizo presencia súbita en el planeta, comenzó su devastadora acción a comienzos del año y no ha parado, sino que, por el contrario, se ha repotenciado y la alarma sacude a muchos países, dentro de los peores pronósticos.

Hemos visto despedir vidas valiosas: para las familias, para la sociedad y para el mundo entero. A su vez hemos tenido que padecer el derrumbe de la economía y la dolorosa situación de muchas familias que se encontraron sin empleo y sin recursos para afrontar la vida. Lo que pensaba ser una cosa de unos meses, no fue así, y tal vez ese irresponsable pronunciamiento del presidente Trump, en donde le dijo al mundo que la pandemia era cuestión de un par de meses y que la llegada del verano acabaría con el virus, resultó ser falsa, lo que impidió que las personas y los países se prepararan mejor para afrontar la presencia prolongada del flagelo.

Comienza un nuevo año, ya con la perspectiva de que las economías se han recuperado un poco y de que la vacuna ya es una realidad que pronto la veremos en Colombia, si es que los anuncios resultan ciertos y los estimativos se cumplen.

Este nuevo escenario debe proyectarnos hacia unos días mejores; a mirar las cosas con mayor optimismo y a repotenciar nuestro motor interno para salir lo mas pronto posible de esta horrible pesadilla; para resurgir dentro de los escombros y miserias, y renacer, así como cuando se ha hecho después de las guerras o de las pestes macabras, o de los gobiernos oprobiosos que han atacado al mundo. La capacidad humana siempre tiene que sobreponerse ante la adversidad y creo que los colombianos tendremos que generar ese ambiente de cambio y reconstrucción, en medio de la tragedia.

Ya lo hemos visto en muchas personas que se han reinventado y han transformado su rutina o han cambiado de actividad, y trabajan sin pausa para ofrecer mejores alternativas y mayores desempeños.

Ahora que se abre paso el 2021, lo que tenemos que pedir es responsabilidad a todos los actores dentro de la sociedad: a los ciudadanos, para que actúen con determinación y energía frente a estos grandes derroteros; a los dirigentes para que sepan orientar con acierto y lucidez; a los gobernantes, para que sus decisiones sean sesudas y siempre enmarcadas dentro las urgencias que demanda el momento; y a la clase política, que ante el panorama electoral que ya comienza, sepa respetar el dolor y la tragedia, y sus acciones y propuestas estén encaminadas a fortalecer el bien común, y no a sacar ventajas personalistas, que terminan siendo el marco del desastre.

*Abogado. 

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