Mundo en pausa

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A la realidad, ocasionada por el covid-19,  no le sirven los moldes del mundo tal como lo conocimos. Todo cambió. Esperar retornar a la “normalidad” del pasado es ilusorio. Hacer creer a los pueblos que todo volverá a ser como antes es  comprensible, pero no real. Se trata de darle paliativos sicológicos a la humanidad para evitar el desconcierto y la anarquía.

¿Qué pasará cuando despertemos de la ilusión de retorno y descubramos que la etapa crítica podría durar años? ¿Dos o tres años? ¿Somos conscientes de que hay más de 190 mutaciones de un virus que no produce inmunidad a quien lo contrae y que aún las vacunas son experimentales? Basta mirar un noticiero de televisión, después de varios meses, para comprender que se está reportando una realidad “aplazada”. Se aplazan las competencias  deportivas, los festivales, las premiaciones, los conciertos, las inversiones, el retorno a las aulas etc, etc. Se aplaza “la vida”.

Los discursos de los  líderes políticos suenan añejos y sus enfrentamientos, fuera de lugar. Como de otro planeta. El control policivo en los toques de queda y confinamientos muy pronto será insuficiente para contener los brotes de indisciplina que aumentan, a medida que pasa el tiempo y el cansancio del encierro puede más que el autocuidado.

¿Es posible creer que bastará soltar la pausa con la que se ha frenado la vida y todo volverá a ser como antes? Urgen programas de educación sobre cómo adaptarnos, reorganizarnos y sobrevivir en pequeñas o grandes comunidades solidarias. Ya sabemos que el covid de un solo ser humano, nos concierne a todos. Necesitamos aprender desde cómo sembrar las hortalizas del huerto, cómo preparar los alimentos, aprender de primeros auxilios, hasta clases de filosofía, fotografía, arte,  música, economía, literatura, espiritualidad, sicología. Abrirnos al conocimiento que ha acumulado el hombre durante siglos para sobrevivir.

La educación masiva debe ser algo más que la forma de usar el tapabocas y  durante cuántos segundos lavarse las manos. En las redes circula el conocimiento almacenado, pero no educa, enloquece. Le faltan seres humanos evolucionados a la cabeza,  que seleccionen lo mejor para educar. Hoy, una plataforma como Netflix, pero dedicada a la educación práctica en todos los frentes de la existencia diaria, sería la panacea.

Está cambiando la manera de relacionarnos, de trabajar, de entretenernos ¿Cómo mutará la deteriorada democracia? ¿Qué pasará con las marchas, las movilizaciones populares que ponían en jaque a las grandes ciudades? ¿Estará el ciudadano corriente dispuesto a tolerarlas nuevamente? El virus les arrebató el espacio público. Pero, quienes las infiltran y promueven buscando el caos por el caos ¿estarán quietos? ¿Qué pasará con los hábitos de consumo? ¿Cómo privilegiar la creatividad y el nuevo conocimiento sin menospreciar la experiencia?

Este transitar por la crisis generada por el coronavirus es también una oportunidad individual y colectiva de ver la realidad a los ojos y abordar los grandes desafíos que nos plantea. Es hora de sacudirnos el  miedo, no sentarnos a esperar la cura mágica, cultivar la paciencia y preguntarnos: ¿Qué puedo aportar yo en este momento de oscuridad?

*Periodista*Defensora de DD.HH. 

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